¿Aún sigues creyendo que con una imagen bonita y dos hashtags te vas a comer el mundo? Igual hace unos años colaba, pero ahora… ahora se huele la diferencia entre los que están jugando y los que han entendido las reglas del juego. Las redes ya no son lo que eran, colega. Y si te sigue sin quedar claro, sigue leyendo, pero con los ojos bien abiertos, que esto no va de postureo, va de pasta.
Lo que nadie te cuenta sobre cómo destacar en redes
Mira, si estás aquí es porque algo te chirría. Porque ves que otros crecen y tú no levantas cabeza. Te jode, claro. Y es normal. Pero ¿sabes qué les diferencia? No es que usen un filtro nuevo o que bailen mejor. Es que entienden algo que tú todavía no: esto va de atención. Y la atención se gana tocando donde duele, aportando algo que importe, y sobre todo, no haciéndote el simpático por compromiso.
Quien destaca hoy en estas plataformas entiende que la autenticidad vende. Que la gente está hasta las narices de publicaciones clónicas con sonrisas forzadas. Lo que conecta es la verdad, aunque escueza. Así que si tú aún estás esperando a que tu última foto de café con espuma te traiga seguidores, ya puedes ir despertando.
¿Quieres hacer las cosas de otra manera? Pues empieza por mirar cómo lo petan algunos. Precisamente aquí va un ejemplo que puede abrirte los ojos… o dejarte más perdido aún, según te dé. Dale al play sin miedo:
Deja de vender humo. Empieza a convertir
Vamos al lío. El problema principal que tengo que leer veinte veces al día de clientes que me escriben es siempre el mismo: «no sé por qué no funcionan mis publicaciones». Y luego entras a su perfil y parece un catálogo de IKEA. Todo perfecto, sin una mota de polvo. Y eso, muy amigo mío o amiga mía, no conecta ni con tu perro.
Lo que funciona es lo que saca tripas, lo que huele a verdad. ¿Tienes un negocio? Pues cuenta los errores que cometiste, lo que aprendiste, lo que nadie se atrevió a decirte. Esa es la carnaza digital que se comparte y se recuerda.
Y no, no hace falta ser influencer, ni hacer el payaso. Pero sí tener claro que esto exige constancia, estrategia y, ojo, un poco de mala leche bien medida. La buena noticia es que hay formas de hacerlo con cabeza, y que no tienen nada que ver con comprarte 10.000 seguidores rusos que no te van a comprar ni una piedra.
Si no tienes claro por dónde empezar, hay recursos que pueden darte luz, como esta guía oficial de ayuda que, aunque no te lo resolverá todo, al menos no te dejará solo en medio del desierto social.
Esto no va de seguidores. Va de vender
Ya está bien de medirlo todo en corazoncitos rojos. ¿Quieres clientes o aplausos? Porque son cosas distintas. Hay quien tiene 100.000 seguidores y no factura ni una triste suscripción mensual. Y luego hay quien con 800 personas bien escogidas hace el agosto cada mes. Esto va de relaciones reales, no de numeritos.
Así que si eres un negocio con local, si vives en un barrio concreto, si vendes a personas tangibles con nombres, deberías dejar de mirar tanta métrica y empezar a centrarte en cómo haces sentir a quien te encuentra. Porque sí, podemos hablar de algoritmos, de estadísticas, de mil mierdas técnicas… pero al final, Instagram es tan bueno como tú sepas contar tu historia allí.
Y esto solo lo cambia alguien como tú.
¿Tienes un negocio local y no entiendes por qué las redes no te dan resultados? Pues igual va siendo hora de hacer las cosas diferente. Si quieres que hablemos sin rodeos y con el hacha afilada, ya sabes dónde estoy. Escríbeme y planteamos una estrategia que no parezca hecha en serie como los demás. Aquí se viene a destacar, no a decorar el feed.
¿Nos tomamos un café?
