Tu vecina tiene más engagement que tú… y ya va siendo hora de que lo soluciones

Esto no va de ser el más guapo del barrio digital. Va de que te vean, te escuchen y te sigan. En los tiempos que corren, o te subes al tren de las redes o te atropella la indiferencia. Y sí, también hablamos de ese monstruo llamado Instagram, donde, a estas alturas, hasta el gato del kiosquero tiene más visibilidad que tu negocio.

Tu perfil suelta más bostezos que likes (y eso tiene remedio)

Puede sonar duro, pero si tu cuenta es un erial de interacción, es momento de hacer algo al respecto. Porque no basta con subir una foto del escaparate cada tres meses. Aquí lo que se necesita es estrategia, autenticidad y un poco de descaro.

¿Sabías que Instagram premia el contenido que mantiene a la gente dentro de la plataforma? Si subes vídeos potentes, historias que cuentan algo o carruseles que enganchen, el algoritmo te trata mejor. Parece magia, pero es pura intención.

Y si además entiendes que no se trata solo de mostrar, sino de aportarle algo a quien mira… entonces sí, ahí empieza el milagro. Pero claro, eso implica currárselo un poco. Nada que no pueda arreglarse con ganas y una pizca de mala leche bien dosificada.

Los reels no son para los tiktokers de 14: son para ti (si lo haces con cabeza)

Te han metido en la cabeza que los vídeos cortos son para gente que baila en pijama. Y no. Los reels bien hechos venden. Venden tu historia, tu producto y tu propuesta. El punto está en saber contarlo. Y contarlo bien.

Ahí va un ejemplo clarísimo. Mira este vídeo que han subido y dime que no conecta, que no remueve algo. Lo tienes aquí mismo, no hace falta que salgas de la página:

Con esto quiero decirte que no necesitas grandes producciones. Necesitas tocar la tecla adecuada. Puede ser con humor, con emoción, con verdad. Pero siempre, siempre, con intención. Y claro, con los deberes hechos: música relevante, subtítulos, buena luz. Cuatro cosas. Pero bien hechas.

¿Y si vendes tornillos? Pues los tornillos también tienen alma, amigo

El error es pensar que solo el que vende ropa o hace cupcakes puede petarlo en Instagram. Mentira podrida. Hasta una ferretería puede construir comunidad si sabe cómo. Porque al final, las redes no son un catálogo: son una conversación. ¿Y tú? ¿Estás hablando con alguien… o solo estás soltando el monólogo del emprendedor desesperado?

Hazte un favor. Piensa en lo que tu cliente necesita o quiere ver. Y dáselo. Alterna contenido útil con historias reales. No tengas miedo de mostrarte. No se trata de postureo, se trata de conectar.

Incluso cosas como optimizar tu perfil pueden marcar la diferencia. O entender cómo funciona el algoritmo de Meta para no nadar contracorriente. Hay que dejar de poner excusas y empezar a hacer las cosas con sentido.

Porque sí, puedes tener una cuenta potente sin tener millones de seguidores. Se trata de tener a los adecuados, los que compran, los que recomiendan, los que esperan tu próximo post como si fuera el capítulo final de una serie que engancha.

¿Quieres que hablemos de cómo hacer que tu Instagram trabaje por ti y no al revés?

Estás a una decisión de dejar de ser invisible. Porque lo que no se ve, no se vende. Y tú tienes algo que vale, pero hay que saber mostralo con gracia, con estrategia y con un poquito de colmillo.

Si estás por aquí cerca y te apetece que tu perfil empiece a dar resultados de verdad, dame un toque. Ni fórmulas mágicas ni plantillas universales. Vamos a ver exactamente qué necesitas tú y vamos a apuntar donde hay que apuntar: directo al corazón (o al dedo que hace clic).

¿Nos tomamos un café y movemos ficha? O si lo prefieres, te lo cuento por mensaje, pero que esto no se quede solo en un scroll más. Porque tú puedes estar en ese vídeo que todo el mundo comparte. Y tú puedes dejar de mirar cómo otros lo petan… para ser tú el que lo peta.

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