Hay quien dice que esto de las redes sociales es solo postureo. Que si son para perder el tiempo, que si fotos aquí, que si reels allá… Pero, vamos a ver, cuando algo tiene más de mil millones de usuarios activos, igual tan inútil no será. ¿No crees?
Te voy a contar cómo está el patio y por qué esas fotos de desayuno y esos vídeos bailongos tienen más miga de lo que parece. Y te aviso ya: esto no va de fórmulas mágicas ni de vender humo. Esto va de entender por qué (y cómo) estás dejando que otros te adelanten por la derecha mientras tú sigues mirando como un turista despistado.
Los que sí lo entienden ya están jugando en otra liga
Hay gente que cree que publicar en redes es subir una foto, ponerle un filtro y añadir un par de hashtags con dudoso criterio. Y luego se sorprenden cuando no pasa nada. Claro, si usas Instagram como una postal, normal que nadie te responda.
Los que entienden el juego publican con estrategia. Buscan conexión, sacan emociones, dan guerra (de la buena) y montan comunidades. No seguidores, comunidades. Gente que está pendiente, que comenta, que se cabrea, que espera el siguiente contenido. Eso, amigo mío, es tener una red social que funciona.
Y no hay que ponerse traje para lograrlo. Mira este ejemplo real de cómo conectar con tu gente a través de algo tan sencillo como un vídeo pegadizo pero potente:
¿Ves? No hace falta producir una superproducción tipo Hollywood. Solo necesitas conocer a tu público, saber qué siente, qué necesita, y decírselo como a un colega. Porque aquí no vendes, conectas. Y luego, ya si eso, te compran.
La diferencia entre estar y estar con intención
El error de muchos negocios es pensar que con tener perfil ya están haciendo marketing. Pero esto es como apuntarte al gimnasio y no ir: no vale para nada. Estar no es suficiente. Hay que estar con presencia, con mensaje y con intención. Porque si no, ¿quién va a confiar en ti?
Una cuenta sin alma no enamora. No engancha. No convierte. Tienes que dar algo que interese, que ayude, que haga pensar o al menos reír. Porque en este mundo saturado de contenido, si no aportas algo, simplemente estorbas.
Y ojo, que esto no lo digo yo (aunque también). Expertos en comportamiento digital lo llevan repitiendo años. Si quieres profundizar, en este sitio oficial de Instagram tienes información muy útil sobre cómo optimizar tu cuenta para generar interacción real.
Vale, ¿y cómo empiezo yo con esto?
Hay un paso sencillo y que casi nadie hace: escucha antes de publicar. Mira qué comenta tu competencia, qué preguntas deja sin respuesta tu cliente ideal, qué tipo de contenido comparte tu comunidad. Y a partir de ahí, aporta tú valor, no más ruido.
No intentes sonar como experto, habla como uno. Da consejos claros, comparte experiencias, muestra resultados. Y, sobre todo, sé auténtico. Que estamos hartos ya de cuentas que parecen hechas con plantilla, sin alma ni gracia.
Además, ten en cuenta que ahora los vídeos cortos lo están petando. Los reels y las historias tienen más visibilidad que una foto estática. Así que, si vas a invertir esfuerzo, hazlo en el formato que la gente quiere consumir. Y si no tienes ni idea de por dónde tirar, este otro recurso de Instagram sobre cómo usar reels en tu estrategia te puede aclarar ideas.
Antes de que te vayas a subir memes por subirlos…
Que sí, que esto de las redes parece fácil de lejos, pero engancha más de uno cuando se da cuenta de que con una buena estrategia se puede generar más visibilidad que pagando anuncios a lo loco.
Así que si tú tienes un negocio local, un servicio potente o un producto del que tu primo no para de hablar, ya estás tardando en ponerte las pilas.
No hace falta que lo hagas solo. Estoy por aquí, y si necesitas ayuda para hacer que tu presencia en redes deje de ser invisible, hablamos. Que esto, bien hecho, da resultados. Y tú los mereces.
¿Eres de los que quiere diferenciarse en redes y hacer que su contenido se note de verdad? Charlamos sin compromiso. Y si luego no hacemos nada, pues por lo menos nos habremos echado unas risas.
Eso sí, si al final decides seguir igual, luego no vengas a quejarte de que ‘esto no funciona’. Porque funcionar, funciona. Pero con estrategia. Y tú la puedes tener.
