Te pasas horas subiendo selfies editadas, stories con filtros y algún que otro vídeo de tu gato haciendo monerías. No te culpo, tú crees que lo estás petando. Pero déjame abrirte los ojos: mientras tú juegas a ser influencer, otros están usando el mismo escaparate para facturar de verdad.
De postureo a herramienta de ventas, sin necesidad de bailar delante del móvil
La mayoría usa esta red social como si fuese un álbum de fotos para enseñar a la familia. Pero si la usas como un escaparate bien trabajado, puede convertirse en una fuente de ingresos. No, no hace falta que bailes, ni pongas frases motivacionales de Paulo Coelho.
Necesitas entender cómo funciona el comportamiento de tus seguidores, qué contenido engancha (y cuál es un bostezo digital) y, sobre todo, qué objetivos tienes tú con tu cuenta. ¿Vas a vender? ¿A mostrar lo que haces? ¿A buscar clientes? Si no lo tienes claro, estás dando palos de ciego.
Un contenido cuidado, una estrategia clara, y entender que esto no va de ti, sino del que te está mirando. Ese que hace scroll como loco y decide en dos segundos si le interesas o pasas al olvido. Mira este vídeo y empieza a verlo con otros ojos:
Usa la red con cabeza o sigue perdiendo clientes con cada publicación insulsa
No se trata de publicar por publicar. Se trata de comunicar con intención. Y eso implica contar lo que haces sin sonar a teletienda. Usa historias reales, casos de clientes, errores que cometiste. La gente no quiere perfectos; quiere personas que les hablen al oído y les resuelvan algo.
Por ejemplo, si tienes un negocio local, ¿por qué no muestras el proceso de cómo ofreces tu servicio? ¿Por qué no entrevistas a un cliente satisfecho en una story? ¿Por qué no cuentas cuánto la cagaste con un producto y cómo lo solucionaste?
No todo tiene que ser viral. Tiene que ser útil. Interesante. Sincero. De nada vale subir fotos cuquis si luego nadie entiende qué haces, o peor, nadie te recuerda cinco minutos después.
Si quieres saber cómo utilizar la red de manera profesional sin caer en frases vacías tipo «sé tú mismo» o «cree en lo que haces», puedes bucear en la sección oficial de Instagram para negocios. Tampoco es que estén iluminados, pero algo de luz dan.
¿Cuántos seguidores tienes? Maldita sea, esa no es la pregunta
Te encanta mirar el numerito de seguidores como si eso midiera tu éxito. Spoiler: no vale para nada si detrás no hay una estrategia.
Prefiero diez seguidores que compren o recomienden mis servicios, que mil que sólo pulsen el corazoncito por compromiso. El contenido bien dirigido convierte. El contenido random entretiene, pero no paga las facturas.
Hazte esta pregunta: ¿Qué quiero lograr con mis publicaciones? ¿Estoy yendo hacia ello o me estoy dejando llevar por la corriente de frases inspiradoras y hashtags sin sentido?
Aquí puedes consultar directamente las prácticas recomendadas de Instagram para que no sigas subiendo publicaciones por intuición, sino con estrategia.
Haz algo útil con tu cuenta o sigue siendo parte del paisaje digital
Y ahora sí. Si tienes un negocio local, un restaurante, una clínica, una tienda de esas bonitas de barrio… y sigues usando tu cuenta como si fuera tu álbum personal, me dan ganas de ir y arrearte con el móvil. Cariñosamente.
Podrías estar aprovechando esa visibilidad en tu zona para captar atención, diferenciarte, educar a tus posibles clientes y, sobre todo, dar confianza. Pero aquí estás, subiendo frases cursis y dando las buenas noches con un selfie.
Si realmente quieres que te lo tomen en serio (empezando por ti), da el primer paso. Ponte en contacto conmigo y te echo una mano para que tu cuenta empiece a hablar el idioma de los que venden, no de los que mendigan likes.
Estoy en tu ciudad, sé cómo se mueve la gente aquí y entiendo qué tipo de contenido genera resultados en tu sector. Escríbeme y empezamos ya.
