Vivimos en un escaparate infinito. Lo curioso es que todos queremos destacar pero nadie se pregunta si está apuntando su foco al sitio adecuado. Si vas a mostrar, muestra con sentido. Y si vas a quedarte en la sombra, que sea porque has elegido ver desde ahí. En ese universo donde los dedos pulgares deciden qué merece ser visto, la competición no es por ser el mejor, es por no volverse invisible.
La batalla silenciosa por la atención
En ese torbellino visual que muchos se empeñan en llamar “red social”, lo que hace ruido de verdad no son las notificaciones, sino la ansiedad disfrazada de likes. Porque no nos engañemos, lo que mostramos en las redes rara vez es más importante que lo que decidimos esconder. Y tú, que subes tus stories etiquetando cada restaurante donde vas como si tu madre no te hubiese enseñado a comer en casa, ¿has pensado alguna vez en qué estás contando realmente?
La mayoría se dedica a colgar versiones de sí mismos que ni su abuela reconocería. ¿Por qué? Porque si no hay aprobación externa rápida, entra el pánico. Y eso lo sabe bien el algoritmo, que alimenta las inseguridades mientras te ofrece reels de gente bailando sin camiseta o luciéndose con filtros que darían miedo en la vida real.
El negocio de vestirse para otros
El problema no es enseñarte, el problema es que no sabes por qué lo haces. Si tu único objetivo es coleccionar seguidores como cromos, ya te puedes ir olvidando de que algo auténtico suceda ahí. Porque cuando todo es fachada, cualquier golpe de viento lo derrumba.
Ser visible sí, pero con propósito. Cuidar los detalles, entender cómo se mueve la platafotma, y sobre todo, no dejarte manipular por la presión de “estar siempre genial”. Si tienes un negocio, una marca personal o simplemente algo que contar que no se base en limpiar tu casa con música de fondo, ya puedes empezar a usar las redes para algo más que postureo.
Si quieres saber cómo se puede comunicar con fuerza, conectar con los que realmente importan y dejar de mendigar atención, te dejo por aquí la fuente oficial de Instagram para que investigues tú mismo cómo usar esta herramienta como toca.
Menos selfie y más mensaje
Vale, aquí va lo gordo. Si todo lo que muestras es para gustar, adivina qué… acabarás gustando a gente que no te interesa. Construir algo con sentido, ya sea una comunidad, un negocio o una marca, requiere hablar directo y con verdad. Aunque escueza. Incluso aunque no consigas trending topic en dos días.
¿Que no tienes idea de cómo empezar a hacerlo distinto? Bien. Mira este vídeo que te dejo por aquí abajo. No es una fórmula mágica, pero te mete en harina. Porque mostrar lo que importa no es de cobardes, y quien no lo entienda es que aún no se ha atrevido a salirse del carril.
Y ya que estamos, échale un vistazo también a quién está detrás de todo esto, no sea que estés dándolo todo en una lona de circo pensando que es un escenario de ópera.
No publiques por miedo a desaparecer. Publica porque crees que lo tuyo necesita ser visto, oído y sentido. Y si no es así, mejor calla. A veces el silencio tiene más engagement.
¿Tienes un negocio y quieres dejar huella? Pues hablemos
Si estás en España y tienes algo entre manos —una empresa, un proyecto, una idea que merezca conversación— y no sabes cómo hacer ruido sin convertirte en un payaso digital, aquí estoy. Podemos trabajar juntos tu mensaje, y no para que digan que molas, sino para que compres tu pan sin tener que fingir que eres otro.
Porque aquí no se trata solo de redes, se trata de comunicar sin postureo. Así que ya sabes, si quieres dejar de competir por aplausos y empezar a contar cosas que dejen poso, da el paso.
