¿Recuerdas cuando el móvil era solo para llamar? Pues eso se acabó. Hay una nueva droga legal que no se esnifa, no se bebe y no se fuma. Se desliza. Con el dedo. Es rápida, corta y cuando te das cuenta… llevas cuarenta minutos viendo tonterías. Pero tampoco puedes dejarlo. Porque te entretienes. Porque algo te hace clic. Y ahí entraste. Bienvenido al agujero digital de los vídeos virales sin fin.
Lo que te enganchó no fue la aplicación
Puedes pensar que esto va de tecnología, de que si es una red social, de si tiene mejores algoritmos que otras. Pero no. Esto va de una cosa muy humana: la necesidad que tenemos de escapar. De sentirnos menos saturados. Menos vacíos. Un vídeo de gatitos, un bailecito, una receta que nunca harás, un consejo que no pediste… y ¡zas!, te estás riendo, te estás evadiendo, y ni siquiera sabes cómo llegaste ahí.
La plataforma lo sabe. Se diseñó para eso. Para que no pienses demasiado. Tú solo desliza, desliza, desliza, hasta que se te fundan las pupilas. Algunas veces incluso te topas con algo que te mejora el día. Una risa, una idea, un reto que luego comentas con tus colegas. Ahí está la magia. Y el peligro también.
¿Es esto bueno o malo? Pues depende.
No todo es tan blanco o tan negro. Hay artistas que se han dado a conocer gracias a ese bucle infinito de clips. Emprendedores que promocionan su trabajo, cocineros que enseñan recetas sin enrollarse tres horas, personas que simplemente buscan conectar con los demás.
El problema aparece cuando dejas de vivir para consumir. Cuando prefieres quedarte viendo cómo otros bailan, en vez de bailar tú. Cuando experimentas más en vertical tras una pantalla que en horizontal sobre tu propia vida. Que tampoco vamos a fingir que todo es reflexivo y elevado, que la mayoría de lo que encuentras no cambia el mundo, ni falta que hace. Pero ojalá usar esta herramienta no te quite tiempo de las manos, sino que te lo devuelva. Inspiración, creatividad, alegría sencilla.
Te dejo aquí uno de esos vídeos que han dado en el clavo. No necesitas irte lejos. Póntelo ya mismo y dime si no arrancas una sonrisa. Pero recuerda: después de este, sal del bucle.
¿Y si le das la vuelta?
En vez de dejar que te absorba, ¿y si decides tú qué quieres que te aporte? Porque dentro de esa maraña de bailes y voces dobladas, también hay contenido útil, formación breve, ideas que te encienden una bombilla. Piensa cómo puedes buscar lo que realmente necesitas, lo que te aporta, lo que te entretiene sin idiotizarte.
Y si de paso aprovechas para mostrar lo que sabes hacer, mejor aún. Porque igual tú también tienes algo que enseñar. Algo que decir, o una historia que contar en menos de un minuto.
Si quieres saber más, puedes visitar la web oficial de esta red, con recursos, normas y tendencias, por si te da por hacer algo un poco más consciente y creativo con ella.
Cuidado con lo que consumes sin pestañear, porque después de todo eres lo que ves. Y si ves demasiado, puedes empezar a desaparecer tú. O quizá, solo quizá, era justo lo que necesitabas ese día: reírte un rato sin más, hacer scroll sin culpa, y permitirte simplemente tener un respiro que te haga sentir que, por un momento, todo está bien.
¿Quieres tener una estrategia diferente para tu marca o negocio usando este tipo de formatos virales? Estás tardando en contactar conmigo. Estoy aquí, cerca, más cerca de lo que piensas. Haz el clic que sí importa.
