No necesitas parecer perfecto para que te escuchen

Aquí vamos al lío desde el principio, sin rodeos. ¿Sabes lo que pasa con las redes sociales? Que todos creemos que hay que ser el más guapo de la fiesta, el más brillante, el que da los buenos días con un café bonito y el plato de tostadas con aguacate. Pero no. En realidad, **la gente quiere conectar con personas reales**, con historias que les remuevan por dentro y, sobre todo, con alguien que diga lo que piensa sin miedo a parecer un poco borde… o auténtico.

La trastienda de los likes: eso que no se cuenta

El problema está en que nos hemos creído que hay que tener la vida perfecta. Que si subes una foto sin filtro, parece que se cae Internet. Que si en un vídeo sales con mala cara, ni lo subas, que eso «no vende». Pero, ¿y si te digo que lo que **de verdad funciona en redes** es todo lo contrario? Que mostrar tus sombras, tus errores y tus momentos Valle-Inclán puede llegar más lejos que cualquier pose en bañador desde una azotea.

Mira, no hace falta que tú seas un experto analista digital para verlo: la gente se cansa de ver siempre lo mismo. Hay cuentas que siguen creciendo porque su dueño se atrevió a hablar claro, a contar su historia con pelos y señales, a mostrar lo que hay cuando se apagan las luces. Eso, amigo mío, engancha.

¿Has visto esto? Dale al play y verás por qué todo esto tiene más sentido del que parece:

No necesitas fórmulas, necesitas coraje

Te lo diré sin rodeos: no hacen falta más hacks. Hace falta más valentía. La coherencia está infravalorada en las redes. Parece que si no haces Reels con subtítulos, si no copias lo que hace el influencer de turno, si no publicas a la hora dorada… te vas al hoyo. Pero no. **Lo importante es lo que tienes que contar y cómo vas a contarlo**. Eso arrastra más que cualquier hora mágica.

Claro, hay trucos que ayudan, no somos nuevos. Por ejemplo, saber cómo funciona la plataforma, cómo se comporta la audiencia, cuándo publicar y qué formato funciona mejor. Pero todo eso es combustible. Lo que hace que un reel vuele es el fuego que le pongas tú. Y ese fuego está en lo que sabes, en lo que has vivido y en cómo eres capaz de contarlo sin disfrazarte de nada.

Olvídate del postureo: conecta o desaparece

El postureo da de comer durante un tiempo. Luego aburre. Al final, la gente sigue esas cuentas donde se siente vista, donde alguien pone palabras a lo que ellos no se atreven, donde no hay una voz de vendehumos diciendo lo que tienes que hacer. La gente sigue personas, no gurús de cartón piedra. Y eso, justo eso, puede ser tu ventaja si dejas de tratar de imitar y empiezas a ser tú desde la primera línea.

No te líes con perfeccionar cada palabra. Crea desde el estómago. Cuéntalo como si estuvieras hablándoselo a tu colega tomando una caña. Eso siempre resuena. **Eso siempre vende.**

¿Quieres comprobarlo? Mira cómo lo explican oficialmente desde la plataforma para empresas: hay espacio para todos, sí, pero no para clones.

¿Y ahora qué? Toca mover ficha

Así que ya sabes: deja de preocuparte por si las fotos te salen con buena luz o si los textos suenan muy finos. Preocúpate por contar algo con sentido. Por abrirte un poco las entrañas (lo justo, que esto tampoco es un diván público) y mostrar lo que tienes. Porque eso, aunque no lo creas, es lo que más engancha. **Lo real, lo vivido, lo que no está pasado por tres filtros.**

Y si después de leer esto te has quedado con la ceja levantada pensando «vale, ¿pero cómo arranco con esto de verdad?», te lo pongo fácil. Si estás por aquí cerca y necesitas que le demos una vuelta a tu estrategia (o a tu bio, que algunas harían llorar al de la RAE), mándame un mensaje. No vendo humo, sólo digo lo que pienso. Como lo haces tú con tus mejores amigos. Pero con menos cerveza y más ideas claras.

Conecta sin impostar. Y si hace falta, lo trabajamos juntos.

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