Hoy en día, basta con un dedo y algo de chispa para que te vean cien mil personas. Ni es brujería ni hay que vender el alma a Zuckerberg. Las redes han cambiado el juego. Pero claro, no todo el mundo sabe mover las piezas.
No importa si vendes tartas, fontanería o eres coach de lo que sea. Mantenerse invisible es una elección. Y dar con tu público está literalmente al alcance de tu pulgar. El problema es que la mayoría sigue usando estas plataformas como si estuviéramos en 2015, compartiendo solo fotos monas y gatos bostezando.
La regla número uno: no aburras
Te lo digo sin rodeos: la mayoría de los perfiles dan más sueño que una misa de domingo. Si lo que compartes no provoca nada —ni risa, ni rabia, ni un mínimo «¡anda!»— estás perdiendo el tiempo. Las redes son para llamar la atención. Si no estás incomodando a alguien, tampoco estás emocionando a nadie. Sé claro, sé tú, sé distinto.
Mira este vídeo de ejemplo que lo está petando recientemente —no por ser bonito, sino por decir las cosas como son, con gracia y sin filtros. Y por cierto, lo tienes aquí embebido para que no te vayas a otra parte:
Publicar sin estrategia es como pescar sin anzuelo
Así de crudo. Si tu perfil no dice para qué sirve o a quién se dirige, estás hablando al aire. Y el aire no compra. La clave está en conocer a quién quieres llegar. No hace falta tener un máster en marketing, pero sí que respondas estas preguntas: ¿Qué estilo tiene tu público? ¿Qué le hace gracia, qué le molesta, qué necesita?
Pon contenido que les hable, que les seduzca. Mételes en tu mundo, pero uno con personalidad. Mira cómo lo hacen marcas que triunfan por su enfoque y coherencia, como esta que ya lo lleva tatuado en su ADN.
No copies fórmulas de otros. Inspírate, sí. Pero lo que funciona de verdad es lo humano. La naturalidad vende más que mil filtros. El que transmite verdad, conecta. Y quien conecta, vende.
No necesitas miles de seguidores, necesitas atención de los buenos
Este es el error más común: obsesionarse con el numerito. Una audiencia pequeña y potente vale más que una legión de zombis desinteresados. Céntrate en construir relaciones. Comenta, responde, atrévete a preguntar. El algoritmo sonríe más a quien no se comporta como un robot.
Además, la consistencia es clave. No publiques cuando te venga en gana ni cuando te acuerdes de que tienes cuenta. Usa herramientas o planificaciones que te lo pongan fácil. La disciplina digital no suena sexy, pero da resultados.
Y cuando ya tengas esto bien montado… juega. Experimenta. Ve lo que resuena. Lo que no funciona es más valioso aún: te dice lo que debes evitar.
Haz las pases con el error. Porque detrás de cada fallo está la versión mejorada de ti mismo en redes.
¿Estás listo para dejar de ser invisible y empezar a conectar con los que realmente te importan?
Si tienes un negocio local o un proyecto que quieres dar a conocer y aún no estás sacándole provecho al escaparate digital que tienes delante, escríbeme. Ya está bien de esperar el momento perfecto. Ese nunca llega. Empieza ahora, con lo que tengas. Te ayudaré a darle forma.
Y si estás por aquí, por la zona, mejor que mejor. Tomamos un café, vemos tu caso, y te vas con ideas que sí funcionan.
Hazte notar. No molestes con lo de siempre.
