Estás tranquilamente navegando, buscando algo que no sabes si quieres pero sientes que necesitas, y de pronto –zas–, la web te lanza un mensaje frío como la nevera del cuñado: Error 405. No dice nada más. Ni un «lo siento», ni un «vuelva pronto», ni un «pase usted que hay sitio». Te deja solo, con un error que parece hablar en código criptográfico para desarrolladores que desayunan ceros y comas.
¿Qué demonios es un error 405 y por qué aparece cuando más prisa tienes?
Suena técnico, lo es. Pero vamos a explicarlo sin necesidad de sacarse un máster en programación. El error 405 surge cuando el servidor de una web no permite el método HTTP que estás usando. Es decir, tú haces algo que la web no espera y, en lugar de adaptarse como un buen anfitrión, te cierra la puerta en la cara.
Por ejemplo, imagina que estás en una tienda online y pulsas «comprar», pero algo falla en cómo está configurada la página. En vez de procesar tu petición bien, te lanza este error. No es que tú lo hayas hecho mal, es que la web no está preparada para entender esa orden desde tu navegador o tu dispositivo concreto. Bravo, tecnología.
Puedes profundizar más en este tipo de errores en la documentación oficial de Mozilla, pero si no te apetece leer jerga técnica, sigue aquí que te lo cuento como si estuviéramos tomando un café cargado.
¿Cómo se arregla este tipo de error sin llorar ni lanzar el portátil por la ventana?
Aunque parezca un contratiempo tosco, tiene solución. El error suele venir del lado de la configuración del servidor. Si tú eres el dueño del sitio web, revisa tus archivos .htaccess o la configuración del servidor donde alojas la página. También es conveniente verificar que has habilitado correctamente los métodos HTTP que tu aplicación necesita (POST, GET, PUT, etc.).
Otra causa puede ser un mal plugin o una actualización que ha dejado patas arriba la forma en la que tu web interactúa con los navegadores. Si usas WordPress, por ejemplo, puedes desactivar todos los plugins y luego ir activándolos de uno en uno para encontrar el culpable. Es como un Cluedo digital pero sin mayordomo inglés que lo arregle.
Y si no controlas de estas cosas, busca un desarrollador web en condiciones. No uno que desaparezca cuando cobra, sino alguien que te hable claro y no con tecnicismos. No todo falla porque «el cliente hizo clic mal», a veces la falla está en la trastienda del sistema.
Un error puede ser la pista que faltaba
Esto no va solo de errores técnicos. A veces, un 405 puede ser la señal de que la web necesita una revisión profunda. ¿Estás actualizando tu contenido?, ¿Tu sitio carga lento hasta cuando tienes todo el WiFi para ti solo?, ¿Has probado tú mismo la experiencia que ofreces al usuario o das por hecho que va todo como la seda? Pues va siendo hora de hacer limpieza, y no hablo solo de cookies.
Piénsalo como cuando llevas el coche al taller porque hace un ruidito raro, y al final descubres que llevas medio motor en huelga. Lo mismo con las webs. El error 405 puede ser el comienzo de una buena puesta a punto.
Y, hablando de coches, ya que estás aquí abajo del todo, échale un ojo al Renault Grand Scénic que está en venta. Porque si no puedes arreglar el error, al menos puedes salir a dar una vuelta para que no se te suba la bilirrubina del estrés.
¿Tienes una web que se queda tiritando cada vez que alguien intenta usarla? Pues igual necesitas menos parches y más soluciones de fondo. Si estás en la zona, podemos echarle un ojo para que no pierdas visitas cada vez que el sistema se pone quisquilloso. Llámanos, porque igual el próximo error es que aún no nos has contactado.
