No es solo una red social, es un espejo donde te miras (y no siempre sales bien)

Si algo tenemos claro hoy en día es que vivimos pegados al móvil. Hay quien dice que lo usamos demasiado. Y sí, probablemente tengan razón. Pero también es cierto que en esos minutos (u horas) que nos pasamos deslizando la pantalla hacia arriba, entre vídeos de perreos, recetas y gente que no sabe bailar pero lo intenta, encontramos algo curioso: nos reímos. Y mucho.

Y eso, amigo, no es poca cosa. Porque la risa —de la buena, esa que te hace soltar el móvil y decir “¡madre mía, qué barbaridad!”— es terapéutica. Por eso hay una aplicación que ha escalado hasta la cima del montón: esa que te dice «haz tu día» con una mezcla entre descaro y promesa. ¿Y sabes qué? Lo cumple.

La revolución que no llegó, porque ya estaba dentro

Antes, si querías que te vieran, te metías en la tele. Ahora solo necesitas una idea (o quizás ni eso), un móvil y un dedo entrenado para imitar trends. El nuevo escaparate mundial ya no es la televisión, ni siquiera YouTube. Ahora, lo que está marcando tendencia es ese lugar donde una chavalita baila con su abuela mientras a ti se te cae la lagrimita de emociones escondidas.

Es un espacio que ha democratizado la creatividad: cualquiera puede ser viral. Tú. El vecino con boina. Tu prima la que canta fatal. Todos caben. Porque lo importante es conectar. Hacerte sentir visto. Lograrte un hueco entre el caos y el scroll.

Y ahí es donde este monstruo digital gana la partida. Porque lo suyo es pegajoso, adictivo y (aunque no quieras admitirlo) tan entretenido que duele.

¿Marcar tendencia o simplemente no quedarse fuera?

Lo más curioso no es que muchos ya vivan de ello —porque sí, lo hacen—. Es que tú también lo has pensado. No lo niegues. ¿Y si subo ese vídeo tonto con el perro? ¿Y si pruebo a hacer ese baile ridículo que tiene más visualizaciones que el telediario?

Esto no va solo de postureo. Va de conexión, de comunidad, de formar parte. Puedes usarlo para vender, para reír, para llorar o para perder el tiempo sin culpa. Lo que está claro es que ignorarlo es como seguir usando fax esperando que te respondan desde el otro lado. Hermano, ya no va por ahí la cosa.

Y como no hace falta hablar mucho más, lo mejor es mostrarlo. Aquí te dejo un vídeo que resume todo esto con menos palabras, más ritmo y una dosis justa de ironía. Dale al play y verás de qué te hablo:

¿Y tú qué pintas en toda esta película?

Si tienes un negocio, un proyecto, una idea loca o simplemente algo que contar, ¿de verdad vas a dejar pasar esta oportunidad? No se trata de bailar —a menos que quieras, claro—. Se trata de mostrarse. Y hoy, mostrarse implica hacerlo en los sitios donde la gente está. Porque si una red como esta puede hacer viral a un gato que toca el piano, puede ayudarte a ti a llenar la tienda del barrio.

Hazlo bien. Graba, edita, cuida tu mensaje. Usa el lenguaje que la gente entienda. Y sobre todo, aprende cómo funciona este mundo antes de lanzarte a lo loco. Porque si conectas, lo tienes hecho. Y si lo haces mal, al menos te reirás contigo mismo. Que tampoco está tan mal.

Hazlo. Pero hazlo ahora. Porque quien llega primero tiene ventaja. Y ya estás llegando tarde.

No esperes al próximo viral, crea el tuyo aquí cerca

¿Vives en un bonito rincón de la ciudad? ¿Tienes un bar, das clases, vendes cosas raras o haces magia en la peluquería? Este es tu momento. Gente como tú ya está usando estos vídeos como catapulta. Y no, no es casualidad. Es oportunidad. Es inteligencia. Es conectar.

¿Quieres que te eche una mano con eso? Ponte en contacto y vemos cómo poner tu negocio, tu cara o tu ingenio en el mapa digital. Como decía mi abuelo: si vas a hacer algo, hazlo bien. Y si no, mejor míralo desde el sofá mientras otros se lo llevan calentito.

Ahora es cuando tú decides si quieres quedarte fuera… o hacer que te vean.

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