¿Te has parado a pensar por qué algunos perfiles enganchan tanto que acabas viendo hasta las fotos del gato de 2009? No es por los filtros, ni por las lucecitas bonitas. Te lo digo ya: es porque te están contando algo que te remueve por dentro. Aunque no quieras, te quedas ahí mirando. Y eso, amigo mío, es oro puro. Y sí, también se puede hacer sin parecer un robot o un vendedor de crecepelo.
La trampa de la perfección visual
Muchos caen en la trampa de que todo tiene que estar bonito. Feed ordenado, frases manidas y poses que más que naturales parecen sacadas de un catálogo de muebles. ¿Y lo peor? Que a nadie le importa. Si quieres que la gente no solo vea, sino que también conecte, toca darle al contenido una vuelta de tuerca. Porque en Instagram todo entra por los ojos, sí, pero lo que queda es lo que habla. O mejor dicho, lo que dice algo.
Y aquí entra en juego algo interesante: el poder de los relatos personales. Las historias reales venden. Lo auténtico apetece. Si quieres usar tu perfil como una herramienta que funcione de verdad, no es cuestión de parecer, sino de ser. De mostrar algo más que tu desayuno con semillas de chía. Que sí, están muy de moda, pero aburre hasta al que las cultiva.
Qué hace que un perfil de verdad destaque
No te voy a soltar el rollo de los algoritmos porque seguro que ya te los sabes de memoria. Hoy hablamos de otra cosa: de cómo se queda en la retina un perfil que tiene personalidad, voz y alma. Suena místico, sí, pero es que es lo que marca la diferencia.
Te lo explico claro: cuando compartes contenido que no solo muestra, sino que transmite, eso genera comunidad. Gente que opina, que vuelve, que comenta… incluso que comparte sin que tú se lo pidas, porque siente que ha encontrado algo distinto.
Mira este reel tan bien trabajado, que lo mismo te remueve un poco por dentro como te arranca una sonrisa. Dale al play y ya me dirás si no te dan ganas de seguirle:
Vale, ¿y esto cómo se aplica si tengo un negocio?
Ah, que tú estás aquí porque tienes algo que vender. Pues mejor todavía. No hay mejor escaparate que una red social donde la atención está muy cara y las interrupciones son el pan de cada día. Si tú consigues contar lo que haces de forma que le haga click a quien te ve, tienes media partida ganada.
No es necesario hacer malabarismos, pero sí ser claro, original y, sobre todo, conectar desde el tú a tú. No hace falta que imites lo que hacen otros. Hace falta que seas tú el que marca su propia voz y sepa por qué está hablando. Y ya si consigues colar una historia potente detrás de tu producto o servicio, ni te cuento.
Instagram tiene su guía oficial con consejos técnicos si te pierdes con herramientas o formatos. Pero la chicha está en cómo cuentas las cosas, no solo en qué botón pulsas.
¿Te animas a dejar de sonar como anuncio de colonia de Navidad y empezar a sonar a persona real?
Si eres de los que quiere destacar de verdad, no de los que solo siguen modas, igual va siendo hora de que te pongas serio con esto. O como diría mi abuela: “menos posturear y más arrimar el hombro”.
¿Eres de la zona y te gustaría potenciar tu perfil para que hable por ti y no porque tú no sepas qué decir?
Escríbeme, que de esto sabemos un rato y lo mismo te puedo echar un cable. También tenemos sesiones uno a uno para negocios locales que quieren destacar sin necesidad de ofrecer descuentos todo el rato. Porque cuando lo haces bien, los clientes dejan de regatearte y empiezan a valorarte.
¿Quieres que tu Instagram empiece a atraer personas que sí te interesan y no seguidores que solo sirven para inflar la cifra? Pues ya sabes dónde encontrarme.
Más sobre cómo funciona todo esto, si aún dudas.
