Lo confieso: hace tiempo que caí. Un poco de scroll por aquí, otro poco por allí, y cuando me doy cuenta… pam, se me han ido treinta minutos como si nada. ¿Dónde? En esa maldita maravilla de app que tiene el poder de atraparte aunque estés con el pijama puesto y sopa recalentada.
No voy a decir su nombre. Ya sabes de qué hablo. Esa que te pone delante vídeos que no has pedido, pero que de pronto te enganchan como si los necesitases más que respirar. Y cuando quieres reaccionar… ya estás dentro. Como en la droga buena: entras riéndote y sales llorando de risa. Y con hambre. Siempre.
¿Por qué esa pantalla te mira más de lo que tú la miras a ella?
Pues porque ellos lo han pensado todo. Mejor que tú, mejor que yo, y mejor que tu madre cuando decía aquello de «solo una más y a la cama». Lo que hacen es darle al cerebro lo que ni sabe que quiere. Y lo consiguen con una precisión que asusta.
Vídeos de veinte segundos. Humor tan rápido que ni te da tiempo a decir «me gusta esto» antes de que aparezca otro que te gusta aún más. Siempre hay algo mejor, más gracioso, más emocional, más adictivo. El bombardeo es brutal, y joder, funciona.
¿Marketing? No. Psicología pura. Estás siendo observado todo el rato. Qué vídeo paras, cuánto rato lo miras, si sonríes, si lo compartes. Y cada gesto tuyo se convierte en un dato, que se convierte en una próxima dosis perfecta para ti. La app sabe MÁS de ti que tú mismo. Y claro, tú vuelves. Siempre.
Creadores: los culpables felices de tu enganche
Hay una cosa que hacen muy bien esos tipos que suben vídeos: no se lo toman en serio. O al menos, no lo parece. Pero que no te engañe la cara de bobo con filtros de unicornio, lo que hacen es crear contenido brutalmente dirigido a tu dopamina. Así de claro.
Y ya no estamos hablando de chavales bailando (eso fue en 2020, amigo). Ahora tienes desde psicólogos ultra directos hasta expertos de marketing que lo petan más que los de siempre. Todo ello en vídeos que caben en una servilleta. Si pestañeas, te lo pierdes. Si parpadeas dos veces, ya te has tragado tres vídeos y ni te has enterado.
Ellos han entendido que menos es más… siempre que sea brutalmente potente. Y por eso arrasan. Porque lo que cuentan, lo cuentan sin paja, sin rodeos y sin necesidad de apuntarte a ningún curso carísimo. Te dan lo que quieres, gratis y perfecto.
¿Y tú? ¿Lo usas o te usa?
La pregunta es buena. Porque claro, todos decimos «yo solo veo un par de vídeos y me salgo». Pero nadie se sale. Ni con temporizador. Ni con la batería al 5%. Es como ese último trozo de pizza que no tienes hambre pero te lo comes igual. Por si acaso.
Y cuidado, esto no es una crítica. A mí me flipa. Me parece una obra de ingeniería emocional que roza lo sobrenatural. Pero si quieres sacarle partido de verdad, sé honesto: ¿estás creando o solo consumiendo?
Porque si logras poner el pie al otro lado, si eres de los que cuenta algo con gancho, si tienes ese punto de gracia, de verdad o de locura… esta app sí que puede hacerte despegar. Te lleva más lejos que el algoritmo de Google, y más rápido que cualquier red social. Pero claro, hay que currárselo.
Y eso, amigo, ya no se hace con filtros y bailecitos. Se hace con auténtico contenido afilado, del que engancha. Del que deja sin aliento aunque solo dure quince segundos.
Así que tú decides: ¿te lo tragas o lo haces?
Llamado a la acción
Si estás en España y tienes algo entre manos —un negocio, una marca o tú mismo como personaje— y no estás en esta red, seamos sinceros: te estás perdiendo un caramelito. Llámame o escríbeme si quieres que veamos *cómo podrías usar voz propia y afilada para destacar*. Y oye, si ya estás dentro pero no sabes cómo avanzar, también te puedo ayudar a darle caña.
La oportunidad está a un solo gesto. Como ese vídeo que no esperas… y te cambia el día.
