Lo que ocurre cuando te tomas en serio lo que subes

Muchos siguen pensando que subir una foto bonita con un filtro resultón ya es suficiente para causar sensación. Y así les va. **La diferencia entre quedarse en lo anecdótico o convertirse en alguien que marca la pauta** en las redes, está en un pequeño gesto: pensar antes de publicar.

Deja de alimentar algoritmos, empieza a conquistar cabezas

Instagram no es magia. No es un ente abstracto que premia a quienes sonríen mucho. Es un escaparate brutal en el que la atención es la moneda de cambio. Y si no llamas la atención mejor que un bebé con gorro de unicornio, estás en problemas.

Cada vez que alguien se detiene medio segundo más en una de tus publicaciones, estás ganando algo poderoso: tiempo. Y ¿en qué andamos todos escasos? Pues eso. Tu misión no es otra que fabricar detenciones. Que quien te cruce no pase de largo. Que pinche. Que se quede un rato. Que incluso lo comparta. Ahí es donde está el oro.

Esto no va de postureo, va de provocar algo dentro

Una buena publicación en Instagram no es la que más corazones recibe. Es la que hace que alguien diga: «Esto me ha removido». Y para eso no hace falta ser influencer, ni modelo, ni gurú del universo. Hace falta autenticidad. Esa palabra que se ha manoseado tanto, pero que sigue teniendo el poder de abrir puertas.

Es muy fácil subir vídeos bonitos y frases motivacionales. Lo complicado es subir algo que haga preguntarse a quien lo ve si está viviendo como quiere, si se atreve a hacer lo que le ronda la cabeza desde hace meses, o si debería mandar cierto correo de una vez. Eso no lo logras pensando en likes. Lo haces pensando en personas de carne y hueso.

El algoritmo no te oculta, eres tú quien publica sin alma

Que no te engañen. Instagram no tiene nada contra ti. No eres invisible porque le caigas mal a Zuckerberg. Es que no estás contando nada interesante. Así de sencillo.

Y cuando digo interesante no me refiero a que te compres una cámara de cine ni a que te grabes en paracaídas. Me refiero a que cuentes lo tuyo de forma que alguien diga: «Esto es diferente». O mejor aún, «Esto me ha pasado a mí también».

Te dicen que subas contenido «de valor» y tú piensas en tutoriales, consejos, datos. Está bien, pero el valor no está solo en lo que enseñas. Está en lo que haces sentir. Y eso, amigo, eso se prepara. Se mide. Se piensa. Y se lanza con mala leche cuando hace falta.

Mira este vídeo para entender que lo que se queda en la cabeza (y en el corazón) no siempre es lo más producido, pero sí lo más real:

¿Ves? Eso es conectar. Y conectar es el motor secreto de cualquier negocio en redes. Sin conexiones, puedes tener a media ciudad siguiéndote… y cero ventas.

¿Y ahora qué? Pues mojarte

Si tienes un negocio o un proyecto aquí, en este barrio de toda la vida o en esa ciudad donde aún quedan librerías que huelen a papel, **Instagram no es una opción, es una obligación**. Pero no para repetir lo que ya hacen todos, sino para destacarte. Para que te reconozcan incluso antes de conocerte.

Así que ya es hora de usarlo como toca. Con estrategia, con coherencia, con verdad (aunque duela un poquito). No necesitas millones de seguidores. Necesitas los adecuados. Los que están a un ‘me gusta’ de ser tus próximos clientes.

Si quieres que te echen un cable con eso, hablemos. Aquí no hacemos cosas bonitas. Hacemos cosas que funcionan. Y eso, al final del día, es lo que cuenta.

¿Tienes un negocio local y no sabes por dónde empezar con Instagram? Te lo cuento claro y en castellano. Escríbeme y verás cómo empieza a moverse la cosa.

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