¿Te ha pasado alguna vez que entras en una red social y sientes que estás viendo lo mismo de siempre con distintas caras? Gente guapa, filtros cargados, poses medidas al milímetro y una perfección que sólo da allá donde el sol se inventa. Pues resulta que hay otra manera de hacerlo. Una manera más cruda, más real y, sobre todo, más memorable.
Te estás olvidando de lo más importante: la historia que cuentas
Decir que las redes van de imágenes bonitas es como resumir el Quijote en «un señor que hablaba con molinos». Aquí lo que engancha, lo que realmente atrapa, es la historia que cuentas detrás de esa imagen. Una imagen usada como hay que usarla: de anzuelo visual para provocar algo. Y ese algo puede ser una sonrisa, un «me cago en tu talento» o incluso una lágrima. Pero que inspire algo, leche.
Hay una **obsesión absurda por los likes y el postureo**. Y mientras medio mundo se mata por encajar en el molde del algoritmo, el otro medio busca desesperadamente algo que le saque de esa rueda monótona. Eso, amigo mío, es una oportunidad como un templo para quienes saben aprovecharla.
¿Quieres ver lo que pasa cuando alguien lo hace bien? Mira esto:
Esto no es un vídeo más. Es una pequeña lección de cómo usar las emociones, la narrativa visual y un puñado de segundos para dejarte pensando. Porque a veces no queremos contenido, queremos sentir algo.
Lo real vende. Lo impostado espanta
Cuando te empeñas en caer bien a todo el mundo acabas cayendo fatal. Esa es la maldición de la autenticidad fingida. Porque hay gente publicando como si tuvieran a su ex mirando sus reels con lupa, y lo único que provocan es indiferencia. Peor que el odio, colega: el olvido.
Una cuenta que muestra debilidad, verdad, contradicciones, e incluso algo de locura, tiene muchas más papeletas de que la gente se quede. Que se quede y que además vuelva. Porque al final, esas son las cuentas que la peña recuerda. Por eso no se trata de publicar más, se trata de publicar mejor. Hay que dejar de medirlo todo con la regla de los «me gusta» y empezar a preguntar: ¿esto le hace sentir algo a alguien?
Si además quieres meterte en harina sobre cómo construir una comunicación más potente, que hable directamente al estómago del personal, te recomiendo pasarte por el blog oficial de Instagram. Hay perlitas ahí que se pierden entre tanta modernidad, pero que te pueden venir como anillo al dedo.
Deja de publicar. Empieza a dejar huella
Ser visible no significa ser recordado. Puedes tener 8000 seguidores y no impactar a ninguno. En cambio, puedes tener 150 personas mirándote en silencio como quien escucha un secreto que no se cuenta ni a la almohada. Eso, sí que tiene delito.
La diferencia entre subir una foto bonita de tu café con leche o contar la historia de por qué ese café te recuerda a tu abuelo, es un abismo. Porque lo visual puede atraer, pero sólo lo emocional permanece. Y ahora dime tú, ¿a cuál de las dos cuentas seguirías tú?
Si lo que quieres es de verdad crear una cuenta en condiciones, la clave es esta: deja de buscar seguidores y empieza a construir comunidad. Porque una audiencia que te aplaude está bien. Pero una que te escucha, te responde y te recomienda… eso ya son palabras mayores.
Además, aquí tienes una guía bien trabajada de cómo ganar seguidores de verdad en Instagram. De esos que no vienen por una moda, sino por quién eres en realidad.
¿Quieres que tu marca no se olvide?
Sabes perfectamente que necesitas destacar. Que tu negocio, tu proyecto o tu nombre empiece a sonar también fuera de tu entorno habitual. Y la buena noticia es que puedes hacerlo sin convertirte en otro personaje blandito de Instagram.
Empieza por contarlo de verdad. Deja los filtros para el sol y las mentiras para los que no se atreven. Aquí se trata de decir lo que tienes que decir, como si no hubiera un mañana. Y si necesitas una mano con eso, o prefieres que alguien te enseñe cómo ponerle voz (y alma) a lo que haces, pues para eso estamos por aquí.
Escríbeme, llama, o ven a vernos. Dinos lo que haces y por qué merece la pena que lo vea todo el mundo. Vamos a armar ruido del bueno, del que remueve.
Y si estás cerca, mejor todavía. Así nos tomamos ese café de verdad que hace falta para que empiecen a pasar cosas.
