Lo que ocurre cuando dejas de mirarte el ombligo y prestas atención al mundo real

Eso que estás sintiendo no se arregla con más teoría, ni con otra masterclass de gurús del humo. Seamos claros: te falta chispa, te falta mirada, te falta calle. Y no, no es culpa tuya, es que llevas demasiado tiempo observando todo desde la barrera. Hoy te voy a hablar de algo que, a primera vista, parece una aplicación más para ver vídeos de gente bailando, pero si rascas un poco… es una trituradora de prejuicios y una invitación descarada a vivir de otra manera.

¿Y si te atrevieras a mirar el mundo desde otro ángulo?

Imagina que te subes al metro, pones los cascos, y mientras te esquivas las mochilas ajenas, descubres a un chaval en la otra punta del planeta haciendo música con una sartén. No sabes cómo ha llegado ese vídeo a ti, pero ahí está, moviéndote el estómago. Eso es lo que hace esta bendita app. Te zarandea. Y no para venderte mierdas, sino para que despiertes.

Hay quien la ve como un teatro de lo absurdo, pero si te detienes medio minuto, te das cuenta de que es una galería infinita de creatividad, dolor, alegría, denuncia, ironía y hasta ternura. Vamos, todo eso que has ido dejando fuera de tu rutina de adulto sensato.

No todo va de bailes ni retos virales. Hay gente contando cómo superó su última depresión, cómo montó su empresa desde cero, cómo dejó de tener miedo. Y te lo cuentan sin maquillaje, sin anglicismos baratos, sin postureo. Exactamente lo contrario a lo que sueles ver por ahí.

La gente ya no quiere más cursos, quiere emoción

Lo que ocurre cuando entras en redes como esta, es que descubres que la autenticidad sigue vendiendo más que cualquier embudo de ventas armado por un coach. Y eso, amigo mío, es una lección que deberíamos tatuarnos todos los que intentamos ganarnos la vida comunicando.

No se trata de disfrazarte de millonario, ni de crearte una «marca personal», sino de mostrar el coraje que se necesita para contar quién eres de verdad. Los que mejor funcionan ahí no son los que más seguidores tienen, sino los que más verdad sueltan. Porque la gente no es estúpida, y menos aún quien ya está cansado de que le traten como si lo fuera.

Si tienes un negocio local, una idea, una historia que contar, quizá ya va siendo hora de dejar de pedir permiso para comunicarla. Porque ya va tocando que tu voz suene por encima del ruido. Y hay plataformas donde eso todavía es posible. Solo tienes que abrir los ojos. Y sí, perder un poco la vergüenza.

¿Te atreves a mirar con otros ojos lo que todo el mundo ya da por hecho?

Así que haz la prueba: abre la app, pierde cinco minutos ahí dentro (lamentablemente no tienen botón para hacértelo intravenoso) y observa. No juzgues. Siente. Descubre. Inspírate. Y quizás, con suerte, encuentres ese chispazo que andabas buscando desde hace meses.

Y por si no quieres ni levantarte del asiento, te dejo aquí uno de esos vídeos que lo cambian todo. Mira. Solo eso.

¿Lo ves? No te ha hecho falta ni entender del todo lo que ocurría para que se te removiera algo por dentro. Eso sí es conectar. Eso sí es comunicar. No con fórmulas ni con trucos de copy. Con realidad.

Y si estás en esta ciudad, si respiras el mismo aire que yo, quizás ha llegado el momento de que hagas algo diferente. Que no consiste en dejarlo todo e irte al Himalaya, sino en empezar a vivir (de verdad) aquí. Ahora. Con lo que tienes.

¿Te animas a contar lo tuyo?

Estoy a una llamada de distancia si quieres ideas, empujones o un café sin azúcar. Pero mueve ficha. Esta ciudad necesita menos expertos y más valientes.

Y si aún quieres saber más sobre cómo se mueve el cotarro digital sin que te vendan la moto, échale un vistazo a la página oficial de esa app de la que todos hablan. A lo mejor descubres que el verdadero negocio está fuera de los negocios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio