Que levante la mano quien no ha sentido ese pellizco en el estómago al publicar algo y ver que no pasa absolutamente nada. Silencio. Ni un ‘me gusta’, ni un comentario, ni siquiera un miserable stalker curioseando. En fin, la nada más absoluta. Y tú ahí, echándole horas, peleándote con el dichoso móvil, probando todos los filtros del universo y tragándote tutoriales que prometen milagros. Spoiler: milagros no hay. Pero estrategia, eso sí.
La trastienda del escaparate digital
Los perfiles bonitos están bien, pero un buen escaparate sin tienda detrás, es como tener una carta de astrología sin planeta: puro humo. En el universo de las redes sociales, hay que saber jugar. Entender los algoritmos, conocer a tu público, hablar como personas y no como robots. Y oye, si de verdad te interesa destacar en ese maremágnum de stories y reels infinitos, más vale que empieces a contar algo que merezca la pena. No a vender, no a posturear. A conectar de verdad.
Muchos quieren estar ahí fuera, pero lo hacen sin tener una estrategia ni mensaje. Suben fotos como quien lanza una botella al mar esperando que alguien conteste. Y eso, amigo o amiga, no pasa. Tu contenido tiene que tener alma. Tiene que interesar más allá del primer segundo. Porque, ¿sabes qué? La gente pasa. Y pasa rápido.
Los trucos están sobrevalorados, las emociones no
Por muchos hashtags que metas en una publicación, si no hay nada detrás, todo se queda en eso: etiquetas. Nada conecta más que hablar con sinceridad, tener una voz reconocible y dejar huella. El contenido superficial ya no cuela. Las personas siguen a personas, no a iconos aburridos con publicaciones calcadas.
¿Quieres que la cosa funcione? Empieza por mirar hacia dentro antes de mirar el feed. Piensa qué te diferencia, qué historia cuentas y por qué deberían escucharte. Genera conversación, déjate ver, sé transparente. Y, sobre todo, mantente activo. Publicar hoy y desaparecer un mes es como abrir un bar y olvidarte de poner la cafetera. Nadie vuelve.
Y sí, aprovecha las herramientas. Los reels, los stories, el directo… Pero úsalos con cabeza. No repitas lo que hace todo el mundo. La originalidad vende más que cualquier plantilla.
Cada publicación es una conversación: que no te dé miedo hablar
Si al final todo esto va de personas, ¿por qué no tratarlo como lo que es? Di algo. Cuéntalo bien. Enróllate si hace falta, pero no aburras. Ojo con los textos asépticos y los pies de foto que parecen enemigos del alma. Si tú no te emocionas, nadie lo hará.
Haz que cada publicación sea una excusa para hablar con quien está al otro lado. Pregunta. Responde. Muestra. No tengas miedo de mostrarte tal como eres. Aquí gana el que mejor comunica, no el que más posturea.
Y si necesitas referencias serias para saber cómo moverte por este mundo —más allá de los vendehúmos de turno—, no estaría mal echar un ojo a la propia ayuda oficial de Instagram. Está bien tener claro desde dentro cómo funciona el sistema si vas a jugar en este patio todos los días.
Por cierto, si quieres ver un ejemplo de cómo se puede jugar con todo esto sin caer en lo típico, échale un vistazo a este vídeo. No hace falta decir mucho más.
Y ahora hablemos en serio: si estás por aquí, si tienes un negocio o proyecto cercano que necesita dejar huella en redes, no sigas tirando tiros al aire. Ponte en manos de alguien que sepa cómo se mueve esto por dentro y conviértelo en algo que funcione. Escríbeme, llámame o acércate si estás cerca. Tengo unas cuantas ideas que podrían encantarte. Pero claro, eso ya depende de si quieres seguir subiendo post que no ve ni tu madre o empezar a hacer algo que mueva a la gente.
