Lo que nadie te cuenta sobre las redes sociales y sus trampas digitales

Seguro que te suena eso de «tener que estar en todas partes». Que si sube una historia aquí, que si responde un comentario allá, que cuida el feed, que ahora los reels… Y tú, agotado pero con la sonrisa puesta, como si fuera lo más bonito del mundo, ¿verdad?

La realidad es que esta gala de postureo digital tiene mucha más tela de la que se suele contar. Hoy meto el bisturí (con cariño, sí) en el mundillo de las redes, sí, esa vida alterna que llevamos entre filtros de belleza, frases de autoayuda, y hashtags que te prometen la viralidad como si fuera el nuevo santo grial.

El escaparate de la perfección mal pagada

Te lo dicen de forma bonita: visibilidad, autoridad, comunidad… Pero la verdad incómoda es que mucha gente está perdiendo más tiempo que ganando clientes. ¿Cuántos están vendiendo de verdad? ¿Y cuántos están entretenidos bailando para un algoritmo que jamás les devuelve lo invertido?

Porque claro, esto no va de subir una foto de tu café matutino con un «mood de lunes». Si no sabes qué estás haciendo y para qué, estás tonteando con el fracaso digital. Y eso, amigo mío, lo sabe hasta el gato callejero que tiene más seguidores que tú.

Ahora, eso no significa tirar la toalla, ni mucho menos. Las redes sociales bien usadas son poderosas. Pero necesitas tener claro qué vendes, a quién se lo vendes y cómo vas a hacer para que esa persona confíe en ti antes de darle al botoncito de «seguir» o meterse en tu web a sacar la tarjeta.

Reels que venden sin sonar a teletienda

Y aquí viene el meollo. Porque si aún no te has enterado de dónde está el jaleo ahora, te lo digo ya: los vídeos cortos. Sí, los reels, los shorts, las píldoras visuales esas que si pestañeas te lo pierdes.

Pero no te vengas arriba a bailar por bailar. Aquí se trata de contar algo que enganche. Que resuene. Que diga: “Este sabe lo que dice. Me interesa lo que vende. Le mando un privado ya.”

Y prueba de ello es esto que te traigo a continuación. Míratelo y dime luego si no es verdad que cuando las cosas se hacen con arte, la cosa cambia.

¿Estás comunicando o solo haciendo ruido?

Esto es lo que muchas veces no nos preguntamos. Publicar por publicar es como hablar solo en mitad de un bosque. No basta con estar: hay que tener una estrategia clara y alineada con tu negocio.

Hazte esta pregunta: ¿Tu perfil social refleja lo que solucionas o parece más un álbum personal de tus vacaciones, tus mascotas y tus desayunos?

Si sientes que vas dando tumbos, igual toca parar y revisar. Mira, para empezar bien puedes consultar esta guía oficial de ayuda de Instagram que no está nada mal organizada y te aclara puntos claves que ni sabías que existían.

Humaniza tu marca, sí, pero sin convertirte en un escaparate sin sentido. Lo que necesita tu cliente no es ver tus pies en la arena sino saber que tú puedes ayudarle a caminar.

¿Vives cerca? Pues hazte ver (como Dios manda)

Y si eres de los que tiene un negocio local, no puedes seguir subiendo publicaciones genéricas como si fueras una multinacional. La cercanía vende mucho más que cualquier plantilla bonita. Usa tus redes para conectar con la gente de tu zona, los que te pueden ver en el mercado, en la carnicería o en la feria del pueblo.

Haz vídeos tuyos, reales, honestos. Enseña el proceso, lo que haces cada día. Que te vean las manos, el sudor si hace falta. Habla de lo que solucionas en vez de lo que vendes. La transparencia en Instagram es una mina… para los que se atreven, claro.

¿Te gustaría que mirara contigo tu Instagram y darte cuatro ideas que funcionen?

Pues si estás por aquí cerca, podemos vernos. Tomamos un café, me enseñas lo que estás haciendo y te digo sin rodeos lo que funciona y lo que no. Todo con honestidad, sin peloteo, y buscando que tu esfuerzo empiece a dar frutos.

Escríbeme por privado o deja tu contacto. Y si no estás cerca, no pasa nada: aquí tienes el centro para empresas de Instagram, que aunque a veces parezca un lío, tiene pildoritas muy útiles.

Ah, y si vas en serio con esto de hacer que las redes trabajen para ti (y no al revés), entonces hablamos. De tú a tú. Aquí no hay gurús, pero sí mucho que decir.

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