No es magia, aunque lo parezca. Tampoco es cuestión de suerte o de tener la vida más interesantísima del barrio. Es estrategia, picardía digital y un toque de descaro. Lo que pasa en esa red social de las fotos (sí, ya sabes a cuál me refiero) es algo más profundo que selfies con filtros y postureo veraniego.
Todo aparenta bonito, pero hay truco (y del fino)
Que no te engañen las stories luminosas, las poses forzadas y los hashtags del día. Aquí quien no espabila, no destaca. Si eres de los que cree que subir una foto y esperar likes es hacer presencia, tenemos que tener una charla seria. O escribes con alma y publicas con intención o lo llevas claro.
La gente no quiere ver tus vacaciones. Quiere ver cómo se podrían ver ellos mismos en tus vacaciones. No quieren tu desayuno proteico, quieren sentirse mejor sólo con verlo. ¿Te das cuenta?
Y para eso, amigo mío, necesitas comprender cómo funciona este universo. No basta con estar. Hay que comunicar como un francotirador, con precisión quirúrgica. Hay que saber cuándo, cómo y con qué.
Pasar desapercibido no es rentable (ni emocionante)
Hay quien todavía piensa que esto de subir cuatro cosillas es suficiente. Y claro… luego llegan los lloros. Que si nadie interactúa, que si no suben los seguidores, que si esto no sirve. No sirve porque tú no estás sirviendo.
Empieza por ofrecer algo que valga la pena. Sí, incluso si eres panadero, entrenador personal o fontanero. Todos tenemos algo único. ¿Lo estás mostrando? ¿Estás utilizando contenido que apetezca ver, que enganche, que enamore al dedito que desliza sin parar?
Observa, aprende, y luego hazlo a tu manera. No copies. Inspírate y saca tu verdad. La gente quiere autenticidad, aunque no sepa ponerle nombre. Y lo sabe cuando la ve.
Publicar sin alma es como enviar cartas sin sellos
Nadie las lee. Nadie las recibe. Nadie las recuerda. Y eso, en un entorno donde la atención dura tres segundos mal contados, es como tener un altavoz sin cable. Publicar por publicar, sin estrategia, sin mensaje potente, es auto-boicot digital.
¿Sabes cuánto tiempo dedica la gente a decidir si ve o no tu publicación? Exacto. Casi nada. Por eso, o te haces notar desde el primer pixel, o simplemente no existes. Y si tienes un negocio, no puedes permitirte ese lujo.
¿Quieres ideas? Mira los recursos que ofrece la propia plataforma para empresas. Sí, también sirven aunque vendas barquillos o arregles calderas.
Y si te atreves, profundiza en su centro de ayuda para entender bien cómo puedes sacar tajada más allá de los filtros y los emojis.
La visibilidad no se pide. Se toma. A golpe de buena publicación, de vídeo con chispa, de copy que hace tilín. Exactamente como el que acabas de ver ahí arriba. ¿Notas la diferencia? Pues de eso va el juego.
Y no hace falta ser famoso, ni llevar diez años, ni tener un equipo de cinco personas con gafas de pasta. Hace falta intención, honestidad vestida de estrategia, y sobre todo, constancia creativa.
O juegas a esto de verdad, o te dedicas a mirar cómo otros se llevan lo que tú sueñas.
¿Y ahora qué?
Si llevas tiempo dándole vueltas, si sabes que deberías estar publicando mejor, con más alma, con más intención, pero no sabes por dónde empezar… entonces ha llegado el momento.
Escríbeme un mensaje. Te ayudo a ponerte las pilas para que tu imagen digital no espante a tus clientes. Y si tienes un negocio por aquí cerca, mejor aún. Nos tomamos un café, te escucho y vemos cómo hacer que esa app te dé algo más que frustración y fotitos sin likes.
Porque esto ya es una cuestión de supervivencia digital, no de postureo barato. Que no te lo cuenten otros. Vive tú la diferencia. Vamos a construir algo que se vea, se entienda y se comparta.
Dime en qué barrio estás y lo lanzamos.
