Lo que nadie te cuenta sobre cómo petarlo en las redes sociales

Si te estás preguntando por qué tu perfil social parece un desierto de likes mientras otros lo están petando con vídeos de andar por casa y frases que no pasarían un filtro de calidad, estás en el sitio correcto. No voy a darte una receta mágica (porque eso no existe), pero sí unas cuantas verdades incómodas que te pueden salvar del abismo digital. Y ya que estamos… también puede que te eches unas risas.

Deja de servir contenido como si fueras camarero de bodas

Rebota en la mente como pelota de frontón: «¿Qué contenido subo hoy?». Si esa es tu pregunta diaria, ya empezamos torcidos. Porque subir por subir es como hablar con alguien solo por no escuchar el silencio: no tiene alma. Ya puedes aprender de los que realmente lo están haciendo bien.

Y no, no me refiero a copiar a la influencer de turno enseñando su desayuno healthy, sino a ***entender qué conecta con tu gente***. A veces no es una imagen perfecta, es una historia mal grabada pero bien contada. O una frase que te atraviesa como un cuchillo oxidado en la nostalgia.

Por ejemplo, échale un vistazo a este vídeo. No hace falta que salgas de aquí, que ya te lo pongo yo en bandeja, calentito como churros recién hechos:

¿Lo ves? Un vídeo de apenas unos segundos y ya lo has visto entero. ***Eso es lo que quiere la audiencia***: impacto breve y que no le haga pensar más de lo necesario. Así de crudo. Y así de sencillo, aunque parezca trampa.

Aprende de los que hacen ruido sin gritar

Hay un puñado de cuentas que han aprendido a generar interacción sin rogar likes ni mendigar comentarios. Se trata de saber jugar: provocar curiosidad, meter un poco el dedo en la llaga, incluso posicionarte aunque esto haga que algunos se vayan. Porque quien duda, no compra. Y quien no te pilla el tono, no es tu público.

***Usar bien las historias, colarte como quien no quiere la cosa en los reels***, y escribir como si tuvieras al lector sentado enfrente, mientras se toma un café y tú le estás soltando la verdad sin edulcorantes. Esa es la clave.

Y si estás pensando “bueno, pero yo no vendo cremas, ¿para qué quiero todo esto?”, te diré que tener presencia digital hoy es como tener electricidad hace cien años. Si no la tienes, todo te cuesta el triple.

Por cierto, si quieres empaparte más del tema y ver cómo lo hacen los que realmente entienden las reglas del juego, puedes darte una vuelta por la web oficial de Instagram. Aprende de la fuente, pero aplica con tu cabeza.

Deja de hacer lo que hacen todos si quieres resultados distintos

Esto no va de seguir tendencias como zombie visual. ***Va de conocer tus limitaciones y usarlas a tu favor***. ¿No sabes bailar? Perfecto, habla. ¿No sabes hablar? Crea un personaje. ¿No sabes qué contar? Vuelve al principio: cuenta la verdad. Tu verdad. Aunque suene triste. Aunque no mole. Esa es la única manera de sonar distinto entre tanta paja digital.

Y ojo, si eres de los que piensan que esto es solo una moda, te digo una cosa: las modas pasan, pero ***la marca personal bien trabajada se queda***. Y si no te das vida, tu competencia lo va a hacer antes que tú.

Porque tener una buena presencia, crear contenido que muerda y no acaricie, y usar bien las herramientas que te da la plataforma, es lo que te separa del resto. Así que deja de dudar y empieza a poner carne en el asador, aunque te quemes un poco al principio.

Ahora viene el momento de mojarte:

¿Estás en un negocio local? ¿Freelance? ¿Tienes un bar, una tienda, das clases o eres terapeuta? Entonces necesitas poner toda la carne (y las ideas) en el asador. Dale un giro a tu estrategia de redes. No para que seas influencer, sino para que tu gente TE VEA como debe verte: ***auténtico, directo y con algo que contar***.

No mires al de al lado. No pienses más. Actúa. Y si quieres que te dé un empujón o te eche una mano con esto, escríbeme. Pero, por favor, no me pidas milagros. Pide ideas que funcionen.

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