¿Te has preguntado alguna vez por qué algunas cuentas revientan en redes y otras se quedan a verlas pasar con cuatro seguidores y uno es su madre? Pues eso, que hay mucho vendemotos y poco que contar con los pies en la tierra. Pero aquí va sin trampa ni cartón.
Haz menos postureo y más conexión real
Te lo han dicho mil veces y te entra por un oído y te sale por el otro. Pero es que las redes no van de subir fotos con filtros hasta la saciedad. Van de contar algo que cale, que enganche, que alguien al otro lado diga: «Oye tú, esto me pasa a mí también».
Ni falta que hace tener una cámara carísima ni un coche de alquiler con matrícula alemana. Lo que necesitas es honestidad y un poco de gracia. Que si le pones cara y corazón, la gente se queda. Y tú lo notas: sube el alcance, el feedback, hasta las ganas de seguir dándole caña.
Crea publicaciones con propósito, que respondan preguntas, que entretengan o que inspiren. Y no hablo de escribir frases de autoayuda recicladas, sino de hablar de verdad: de tus cagadas, tus logros y tus aprendizajes. Eso sí que conecta.
Juega con el algoritmo como si fuera un colega, no un enemigo
¿El algoritmo? Ese ente oscuro que todos dicen que odian pero que, cuando aprendes a moverlo como toca, se pone de tu parte. Te lo explico bajito y claro: si generas retención, si la gente se queda a ver tu vídeo hasta el final, Instagram lo nota. Y lo premia.
Por eso los vídeos cortos, rápidos y directos al grano funcionan como un tiro. Mételes ritmo, mete chicha en los tres primeros segundos, porque si no haces eso la gente pasa como de una llamada de telemarketing.
Mira este ejemplo. Sí, lo puedes ver aquí mismo, sin abrir otra pestaña. Dale al play y ya me dirás si no te engancha:
¿Lo ves? Esta clase de contenido tiene garra. Tiene lo que se necesita para parar el scroll infernal. Y lo mejor: no necesitas millones de euros para hacerlo. Sólo tienes que saber qué tocar y cómo contarlo.
El contenido que vende no parece publicidad (y funciona mejor)
Esto es así: cuanto menos suena a «cómprame», más ganas dan de hacerlo. El contenido sutil, que aporta antes de pedir, convierte como un campeón. El storytelling bien usado va de la mano con esa estrategia. Narrar. Contar. Hablar como si tuvieras a tu cliente delante con un café por medio.
Y si en el proceso le presentas tu producto o servicio, que parezca una recomendación más que una venta. Es la diferencia entre que te abran el corazón o te cierren la pestaña del navegador.
¿Quieres saber más sobre cómo aprovechan otros las redes para generar comunidad (y clientes)? Échale un ojo a esta página oficial de Instagram, está bien para pillar ideas y ver por dónde van los tiros.
Aprovecha también herramientas que te ayuden a planificar el contenido y no improvisar todos los días como si fueras un malabarista en un circo sin red. Aquí tienes otra útil: Instagram for Business.
Créeme, cuando empiezas a ver resultados, te pica el gusano de seguir creando, afinando, compartiendo. Y ahí es cuando todo cambia.
¿Y ahora qué? Pues te toca mover ficha
Si eres de los que sólo se quejan porque su cuenta no crece, pero subes una foto cada tres semanas, ya sabes por qué no te ve ni el vecino del segundo. Ponte a generar contenido con intención, con ritmo y con sentido. Y si no tienes ni idea por dónde empezar, podemos ayudarte desde aquí. Sin humo, sin plantillas de todo a cien.
¿Tienes un negocio local, una marca personal o simplemente quieres que lo que haces tenga eco más allá de tus colegas? Escríbenos, y empezamos a mover tu cuenta como toca. Porque aquí venimos a jugar en serio. Y a ganar.
