Hay mucha gente hablando, gritando incluso… pero pocos escuchando. En un mundo donde la atención vale más que el oro, conseguir que alguien se detenga en tu contenido es como lograr que un político cumpla sus promesas: raro, pero posible.
Y ahí es donde entra la magia. Esa que no tiene filtros de corazones ni lucecitas de discoteca. Esa que hace que, en medio del ruido, tu mensaje suene como una verdad brutal que no se puede ignorar.
¿Quién demonios eres tú (y por qué debería importarme)?
Esto es lo que piensa cualquier persona que ve tu perfil. Y sí, puedes ponerte en modo ‘gurú’ y soltar espiritualidades de café con leche, pero si no cuentas una historia auténtica, cercana y jodidamente humana, no vas a enganchar ni a tu primo el del pueblo.
¿La solución? Mostrarte sin posturitas, hablarle a esa persona que estás deseando que escuche y hacerlo como si estuvieses en una terraza con una cerveza de por medio. Nada de vocabularios sacados de un máster de humo ni poses de estantería.
Por eso, cuando crees contenido, piensa en conversaciones reales. No dispares al aire esperando que caigan seguidores del cielo. Esto no es la tómbola de una feria de barrio, amigo. Es cuestión de estrategia, sí, pero también de verdad.
Los algoritmos no son tus enemigos (si dejas de luchar como padre primerizo)
Escúchame, que esto es clave: el algoritmo no es un monstruo de siete cabezas. Es más bien como un camarero que solo sirve lo que ve que se consume. Si la gente interactúa con tu contenido, el algoritmo lo muestra más. No es personal, es matemática con algo de psicología de vendedor ambulante.
Así que nada de lloriqueos. Lo que tienes que hacer es generar eso que yo llamo «el efecto charco»: contenido tan irresistible que cuando alguien lo pisa, salpica a todos los que están cerca.
¿Cómo? Usa historias reales, preguntas que remuevan, frases que descoloquen. Juega. Provoca. Da miedo a veces… pero haz que miren.
Y ahora, mira esto (literalmente)
¿Quieres ver un ejemplo de cómo se hace esto bien? Te dejo un vídeo que lo clava. Nada de humo, nada de adorno innecesario. Dale al play y flipa un rato:
Este tipo de contenido es el que funciona. ¿Por qué? Porque no intenta venderte nada… pero justo por eso, te vende TODO.
Y si además te interesa ir más allá, te recomiendo que le eches un ojo a esta página. No está escrita como yo, pero algo de provecho sí se saca.
¿Te gustaría que tus clientes locales te escuchen como si fueras el puto mesías?
Sabes que si tu negocio no se hace notar, estás perdido en el océano digital con un flotador pinchado. Pero tranquilo, esto se puede cambiar.
Si quieres que te ayude a crear contenido que atraiga miradas y convierta como un pan caliente en invierno, mándame un mensaje. Y no, no voy a soltarte un presupuesto sin sentido. Hablamos, vemos qué necesitas y si soy la persona adecuada, lo petamos. Así, sin rodeos.
Porque estar en internet no es suficiente. Tienes que dejar huella.
