Lo que nadie se atreve a contarte sobre tu forma de mostrarte al mundo

Hace tiempo que el escaparate dejó de estar en la calle. Ahora está en una pantallita de cinco pulgadas que se lleva en el bolsillo. A veces, al fondo de la mochila. Allí, en ese rincón de bits y dedos pulgares inquietos, es donde ocurre la verdadera magia (o el desastre, dependiendo de cómo lo mires).

Y sí, lo has adivinado. Hablamos de esa red social que todos husmean pero pocos entienden. Algunos la utilizan de galería moderna. Otros como diario visual, escaparate de vanidades o rincón del postureo. Pero para ti, que estás leyendo esto con intención de hacer algo serio con tu presencia digital, puede convertirse en un cañón cargado de clientes con la cartera lista. Si sabes cómo usarla, claro.

El algoritmo no es tu enemigo, pero tampoco tu primo colega

A ver si dejamos las cosas claras de una vez: no necesitas bailar con un flotador en la cabeza ni maquillarte como una estrella del rock para destacar. Lo que necesitas es una historia que merezca la pena, y saber contarla en formato cuadrado, vertical y con ritmo. Porque sí, el algoritmo manda, pero no es más que un conjunto de reglas hechas por gente con gafas que se gana la vida observando tu comportamiento.

¿Quieres jugar con ventaja? Pues empieza con esto:

  • Sé constante, aunque no te vean el primer día. Ni el segundo.
  • Deja de hablar de ti todo el rato. Céntrate en cómo puedes ayudar a quien te mira.
  • Usa los stories como si fueran migas de pan que llevan al festín. El bueno está en el perfil.
  • Haz vídeos. Aunque te dé pereza. Aunque te dé vergüenza. Aunque no sepas cómo encender la cámara.

Y ojo al dato: si estás publicando sin estrategia, es como si estuvieras gritando en una plaza vacía. Cuidado con eso. Si quieres aprender cómo se hace bien, echa un vistazo a esta joyita visual. Y no te preocupes, aquí la tienes embebida para que no tengas que irte de la página:

No es postureo, es estrategia. Aprende la diferencia

Hay quien cree que mostrar su trabajo en redes es una frivolidad. «Eso es para los chavales o los que venden cremas milagrosas», dicen mientras se pierden entre facturas y cafés quemados. Pero la visibilidad no va de ego, va de supervivencia. Si no te ven, no existes. Si no existes, no vendes. Y si no vendes, apaga y vámonos.

Aquí tienes un par de claves importantes para que tu cuenta se convierta en una máquina de generar conversaciones, y si lo haces bien, también ventas:

  • Biografía clara. Que no tengan que hacer un máster para entender a qué te dedicas.
  • Feed coherente. No hace falta ser artista, pero sí limpio y reconocible.
  • Mensajes con intención. Publica con un objetivo, no por obligación.

Esto va más allá de contar lo que desayunas. Va de construir una identidad. De sembrar confianza. De convertir seguidores en clientes. En realidad, se parece mucho a tener una buena conversación. Una que empieza cuando el otro dice: “Oye, me interesa lo que haces”.

Un golpe de realidad: los likes no pagan facturas

Vamos a cortar el rollo buenista: por muy bonita que esté tu cuenta, si no genera oportunidades reales, sólo es una postal digital. Los me gusta, los corazones y los comentarios no sirven de nada si no hay un embudo detrás, una estrategia, un objetivo medido.

Esto no es magia, es método. Así que empieza por lo básico:

  • Crea contenido que resuelva dudas reales.
  • Comparte historias que conecten emocionalmente.
  • Invita a pasar a la acción. Siempre.

Y ya que estamos: no busques likes. Busca conversaciones. De las buenas. De esas que terminan en una reunión, una llamada o mejor aún, en una factura pagada.

Si necesitas más referencias sobre cómo funciona esta red en profundidad, puedes curiosear la página oficial de Instagram, que algo saben del asunto.

¿Y ahora qué? Pues ahora lo importante: salta

Si vives en este lado del mapa y tienes un negocio, un proyecto o una idea que te quita el sueño, deja de perder el tiempo mirando cómo se lo montan otros. Ese timeline que te tragas cada día debería estar lleno de cosas tuyas.

¿Tienes producto? Enséñalo como si fueras el último artesano del planeta. ¿Tienes servicio? Explica cómo cambias la vida de quien lo contrata. No hace falta hacer malabares, hace falta ser brutalmente real. Y si no sabes por dónde empezar, mándame un mensaje y lo vemos juntos. Estoy aquí, en tu ciudad. Cerquita. Con ganas de verte brillar en esa pantallita.

Porque ya va siendo hora de que se te vea, ¿no crees?

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