¿Sabes qué tienen en común los tíos que logran vender hasta aire en tarros y los que pasan completamente desapercibidos? Que los primeros saben jugar con el deseo visual, y los otros siguen creyendo que basta con estar. Y no, amigo. Estar no vende. Impactar sí.
Vivimos en la edad dorada de las apariencias (nos guste o no). Si no estás causando un efecto visual inmediato, mejor te dedicas a coleccionar sellos. Y ojo, no te hablo de postureo barato, te hablo de mostrar lo que haces de manera inteligente, atractiva, y visceral.
Por qué tu presencia online está más muerta que la ensaladilla de gasolinera
No es una cuestión de cantidad de publicaciones ni de hashtags pegajosos. Eso nos lo bebimos todos en 2018. Hoy la gente quiere experiencias visuales que les remuevan la curiosidad, que les hagan pensar “¿quién narices es este y por qué no le conocía?”.
Y para eso está el contenido que se nota que tiene alma, no el que parece hecho con plantilla y desgana. Si todo lo que subes se parece a lo de tu competencia, ya puedes ir apagando la luz. Aquí Instagram es el campo de batalla, y sólo sobreviven los que entienden las reglas del juego.
No se trata de likes, se trata de atención (que es mucho más cara)
Deja de perseguir me gustas como si estuvieras en la ESO. El oro ahora es la atención. Que alguien pare su scroll por ti. Que se quede mirando con cara de “maldita sea, esto me gusta”. Y eso se consigue usando imágenes, vídeos, palabras y tonos que no parezcan la típica invitación de comunión bien diseñada.
¿Quieres un ejemplo de cómo se hace bien? Dale al play.
Eso es aprovechar los segundos como si fueran diamantes. Porque lo son. La atención de una persona hoy vale más que mil mails sin abrir. Quien domina ese formato, gana.
Vale, no eres influencer. ¿Y qué?
Creer que necesitas miles de seguidores para que esto funcione es tan falso como una sonrisa en la comida de navidad. Lo que necesitas es mostrar quién eres sin parecer el vendedor de enciclopedias de los noventa. Humaniza. Enseña la trastienda. Cuenta por qué haces lo que haces.
Y hazlo con gracia, con verdad, y sin miedo al qué dirán. Porque el que lo critica, probablemente no vende ni una caja de fósforos. Así que menos perfección y más agallas.
Además, si te interesa crear una presencia honesta pero poderosa, échale un vistazo a este enlace oficial de Instagram para negocios, donde puedes inspirarte sin tragarte cursos de plastilina.
Y si tú lo que quieres es dejar de ser invisible en una red donde la mirada manda, entonces empieza a pensar como quien seduce, no como quien mendiga atención.
¿Estás en Madrid? Pues no hay excusas. Escríbeme. Porque transformar esa cuenta dormida en una fábrica de deseo visual se puede hacer. Pero claro, hay que querer jugar en serio.
Y si ya vas tarde, tranquilo. Aquí seguimos con los ojos abiertos.
