Pongámonos serios por un momento. Te abriste una cuenta en esa red donde todo el mundo parece tener la vida resuelta, con filtros hasta en las pestañas. Pensaste que bastaba con colgar alguna fotillo decente, poner un par de frases motivadoras y pum, empezar a petarlo. Pero la cosa no iba por ahí, amigo.
La mayoría juega a lo mismo: aparentar que tienen una legión de seguidores hipnotizados, cuando en realidad solo les miran cuatro colegas y su madre. El tema es que mostrarte sin disfraz, con lo que haces, cómo lo haces y por qué lo haces, causa un impacto difícil de ignorar. Pero claro, eso implica esfuerzo, constancia y un poco de cabeza.
Tu perfil no dice nada (o lo dice todo… mal)
Los primeros segundos son cruciales. Tu perfil debería ser esa especie de mini escaparate que te define sin necesidad de echar el rollo. Y aún así, muchos escriben cosas tipo: “amante de la vida”, “viviendo mi verdad” o “viajero del mundo”. Vamos a ver, que ni eres coach ni estás en un retiro espiritual en Bali.
Si lo que quieres es atraer clientes, vender servicio o que alguien te tome en serio, hay que empezar por limpiar el escaparate. Pon bien claro a qué te dedicas, qué haces diferente y por qué deberían seguirte. Fácil no es, pero es necesario como el café por la mañana.
Y ojo, que la foto también cuenta. Si sales como si te hubieran pillado con cara de «no sé ni qué hago aquí», mal empezamos. Cuida tu imagen como si fueras tu propia marca, porque es exactamente eso: lo eres.
Historias que enganchan (y no solo por los filtros bonitos)
¿Por qué sigue funcionando tan bien subir vídeos espontáneos, reales, sin tanta producción? Porque la gente se ha cansado de la perfección fingida. Quieren sentirse conectados a algo que les suene familiar, humano. Y ahí tienes tú la oportunidad de destacar, si sabes contar bien tu historia. Y no te hablo de contar batallitas por contar, sino de aportar valor y entretener mientras lo haces.
Ponle emoción, ponle intención. Utiliza el contenido para mostrar cómo ayudas, cómo resuelves problemas o simplemente, haz reír, que eso siempre se agradece. Esta guía oficial te puede ayudar si vas más perdido que un pez en un garaje.
Y si piensas que necesitas mil euros en equipo para empezar, error. Mira este vídeo que lo deja todo muy clarito y con cero postureo:
¿Ves? Se puede decir mucho con poco. Así que la próxima vez que grabes algo, piensa como si estuvieras hablándole al colega con el que te tomarías una caña. Nada más, ni menos.
No vendas, seduce (y no a base de trucos baratos)
Hay una diferencia bestial entre empujar y atraer. Si cada post tuyo parece un folleto de teletienda (“últimas plazas, apúntate ya”, “hoy cerramos inscripciones”), acabas cayendo pesado. En cambio, si das contenido de valor, conectas y das algún que otro buen zasca con estilo, entonces no tienen que perseguirte: te buscan.
La clave está en contar algo que les sirva aun cuando no te compren nada. Una idea, una reflexión, una historia. Porque eso es lo que crea vínculo, lo que hace que te tengan presente cuando sí quieran comprar.
¿Quieres hacerlo bien? Puedes ir directamente a la página oficial de Instagram y ver cómo lo hacen otros que ya tienen camino hecho. Pero no copies. Inspírate, adapta, hazlo a tu manera.
Ahora es tu turno (porque sí, estás tardando)
Si tienes un negocio local y aún estás pensando si esto de las redes es para ti, te lo digo fácil: o te adaptas o te quedas atrás. No necesitas millones de seguidores, necesitas clientes que te vean, conecten contigo y confíen.
Cuenta quién eres, muestra cómo trabajas, sácale partido a cada historia, cada vídeo, cada momento. Y si no sabes por dónde empezar, mándame un mensaje. Trabajo con negocios locales como el tuyo cada semana, y lo que hacemos no es magia, es estrategia con personalidad.
Haz de tu escaparate digital algo que dé ganas de entrar. Y de quedarse.
