Lo que haces con el móvil dice más de ti que lo que dices con la boca

Seguro que tú también te has pillado en ese momento raro en el que desbloqueas el móvil sin motivo, solo por inercia. Y, cómo no, acabas entrando en esa red social que parece que te ha alquilado el dedo pulgar. No diremos cuál, pero todos sabemos cuál es.

Una red que te conoce mejor que tu terapeuta. Que sabe a qué hora sueles mirar tonterías y a qué hora te da por inspirarte. Sí, esa donde los vídeos van pasando solos y antes de que te des cuenta han pasado veinte minutos… o una vida.

La trampa de la estética perfecta

Escucha esto: todos queremos tener una vida bonita, pero cuando la obsesión es mostrarla bonita, algo está fallando. Hay quien se pasa más tiempo editando su comida que comiéndola, y quien hace turismo solo para que su cara encaje con un paisaje exótico.

Y ahí entras tú, usuario romántico de la postverdad visual, que sueñas con likes como si fueran monedas en un pozo de deseo. Lo sabes de sobra: no todo lo que se ve en pantalla es tan maravilloso como parece. Pero aun así, ahí sigues, mirando vidas ajenas como si fueran trailers de lo que tú podrías ser, si te esforzaras un poco más o vivieras en Bali.

¿Quieres un ejemplo claro de esto? Te dejo abajo un vídeo que no te va a dejar indiferente. Dale al play directamente desde aquí, no hace falta que te vayas a ninguna parte:

¿Ves ahora a lo que nos referimos cuando hablamos del poder de lo visual? Pintarlo todo bonito engancha. Pero tío (o tía), también cansa.

La otra cara del escaparate

En esa misma red que te muestra abdominales imposibles, recetas veganas brillantes y parejitas tan enamoradas que vomitas gominolas, también están la ansiedad, el FOMO (eso de temer que te estás perdiendo algo) y la comparación constante. Lo que pasa es que eso nadie lo sube con filtro.

Las redes están hechas para atraparte, para que generes contenido gratis para ellas y ellas hagan dinero contigo. Así de crudo. Tú aportas tu cara, tus ideas, tus piernas, tu tiempo, y otros monetizan eso mientras tú haces scroll. ¿Te habías parado a pensarlo?

¿Quieres comprobar cómo funciona esta arquitectura de la atención? Aquí tienes un enlace muy interesante a la página oficial de ayuda de esta red donde explican cómo gestionan lo que ves primero y lo que aparece en tu feed. Léelo, pero luego vuelve, que esto aún no ha acabado.

Cambia el papel: de consumidor a creador

Vale, pongamos que no quieres dejar de usar esta red. No tienes por qué. Pero si vas a estar ahí dentro, al menos usa tú las reglas del juego, no al revés.

¿Tienes un negocio local? ¿Eres profesional de algo? ¿Ofreces un servicio que mejora la vida de la gente? Pues entonces no seas otro más con fotos de cafeterías y frases que leíste en la taza del desayuno. Muestra tu valor, tu historia, y lo que haces para ayudar de verdad.

Esta red puede ser una herramienta brutal para mostrar lo que haces, conectar con nuevos clientes y construir una marca con alma, si sabes cómo dominarla. Pero tienes que dejar de bailar al ritmo que te ponen otros y empezar a poner tu propia música.

Y si aún no sabes ni por dónde empezar, aquí puedes pegarle un ojo a la web informativa que explica sus funciones más actuales. Que no es solo postureo, también hay poder real ahí dentro si sabes utilizarlo con cabeza.

¿Hablamos?

Si eres de los que quieren dejar de malgastar horas en contenido vacío y empezar a usar esta red con intención real, trabaja tu marca, tu mensaje, tu identidad digital. No necesitas parecer perfecto, solo necesitas ser tú con un poco de estrategia.

¿Vives cerca? ¿Tienes un negocio en tu ciudad? ¿Te planteas mejorar tu presencia digital? Escríbeme. Tomamos un café y te enseño cómo puedes transformar tu cuenta de una galería de selfies en una máquina de atracción de clientes.

Y te prometo que no hablaremos de hashtags, hablaremos de tu historia. De lo que tú tienes que contar.

Nos vemos dentro (de la red)… o, mejor aún, fuera de ella.

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