Lo estás haciendo mal (pero aún estás a tiempo de cambiarlo)

¿Sabes lo que más me gusta de la gente que empieza en redes sociales? Que, sin saberlo, se pierden entre filtros, frases motivacionales y hashtags vacíos. Y no les culpo. Porque todo eso parece funcionar… hasta que llegas tú. Y lo cambias todo.

No hace falta repetir que lo visual hoy manda. Que lo que no se ve, no existe. Y caer en la trampa de seguir haciendo lo mismo de siempre: publicar una foto de tu desayuno, una story sin alma, una publicación igual que la de tu competencia —o peor, tu primo.

La diferencia entre estar y destacar

Publicas algo. Esperas. “Le ha dado like mi madre”. Fenomenal. Y otro ‘me gusta’ de ese bot colombiano que te sigue desde 2019 pero que nunca ha interactuado contigo salvo para mandarte algún mensaje raro con corazones. Te suena, ¿verdad?

Pues eso no es crear comunidad, ni conectar con tu audiencia ni mucho menos vender. Y aquí viene el punto clave: no necesitas miles de seguidores si no sabes qué narices hacer con ellos.

Porque un seguidor no es una medalla. Es una oportunidad. De contarle algo que le remueva, que le haga reír o que le encienda una llama. Que le provoque mover el dedo, arrastrarlo hasta tu perfil y, con un poco de suerte, pulsar ese bendito botón de “enviar mensaje”. Eso es lo que convierte nombres en euros.

Reel o morir (pero con sentido)

Hay quien piensa que por subir un reel haciendo el tonto ya está todo hecho. Claro, si quieres gustar a tus amigos, adelante. Pero si quieres que alguien te pague por lo que haces, cuidado. Mucho cuidado.

Los reels bien pensados, los que tienen gancho, una historia, un mensaje que conecta, no solo entretienen: venden. Y no lo digo solo yo. Lo dice la gente que lleva meses usando esta táctica para llenar sus agendas de clientes sin necesidad de invertir en publicidad ni contratar a su cuñado para que “les enseñe a usar Instagram”.

Mira este reel que te dejo aquí abajo. No lo comparto porque sí. Lo comparto porque tiene justo eso: ritmo, mensaje y un gancho que te hace quedarte hasta el final. ¿Lo ves?

Vale, ¿y ahora qué?

Te lo voy a poner fácil.

Si llevas semanas (o años) publicando sin rumbo, sin resultados y sin conexión con la gente que importa, para. Respira. Y empieza desde otro sitio. Desde tu mensaje real. Desde lo que haces, lo que cuentas y lo que aportas. Porque eso es lo que la gente necesita leer, ver y sentir cuando te ve.

No más frases vacías. No más fotos de banco de imágenes. No más likes sin alma. Empieza a crear contenido que remueve, que provoca y que, sobre todo, convierte.

Y si no sabes cómo hacerlo, pásate por la página oficial para ver cómo lo están haciendo allá fuera (y copiar lo justo, que también viene bien).

Haz menos, pero hazlo mejor. Y, sobre todo, no publiques como pollito sin cabeza.

Ahora dime: ¿vas a seguir haciendo lo mismo de siempre o te vas a poner serio de una vez?

¿Quieres que tu Instagram empiece a funcionar de verdad?

Si eres de los que vive en España y no soporta más ver cómo otros venden con publicaciones del montón mientras tú te comes los likes de pena, házmelo saber. Ayudo a negocios como el tuyo a usar contenidos que funcionan, reels que atrapan y mensajes que venden.

Pulsa aquí abajo y hablamos. Sin prisas. Pero sin promesas absurdas. Si no vendes, algo hay que cambiar. Y probablemente no es el algoritmo.

Nos vemos dentro.

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