La realidad de mostrarse sin filtros cuando todos fingen ser perfectos

Pégate aquí un momento. Sí, sé que estás con mil pestañas abiertas, seguramente planeando la publicación perfecta mientras decides si la luz del salón da buena cara para un selfie. Pero vamos a hablar claro, al estilo de los que no se andan con rodeos: esto de las redes sociales se nos ha ido de las manos.

La dictadura del postureo

Decimos que Instagram es solo una herramienta, que cada uno puede usarla como le dé la gana… pero luego, claro, abres la app y te topas con una legión de abdominales perfectos, cafés con leche artísticos y viajes que parecen sacados de una película de Wes Anderson. Y tú, con tus ojeras y tu taza del IKEA, piensas: «Voy a mantenerme al margen». Mentira.

Lo cierto es que, aunque no lo reconozcamos, nos afecta. Porque por mucho que lo llamemos «inspiración», al final viene esa sensación rancia de que a tu vida le falta algo. Como si no estuvieras viviendo lo suficiente. Como si fueses la versión cutre de alguien que no existe.

Y mientras tanto, perfiles que no aportan gran cosa van acumulando seguidores, likes y palmaditas digitales. ¿El secreto? No mostrar la realidad, sino una fantasía maquillada. Pero ¿sabes qué? Cada vez somos más los que estamos hartos de ese teatro y que queremos autenticidad. Brutal honestidad. Personas con algo que contar, no solo que mostrar.

Deja de subir fotos y empieza a contar historias

¿Tu feed parece un catálogo de Zara? Bien por ti. Ahora dime: ¿Qué estás contando de verdad? ¿Qué hay detrás de tu cara sonriendo en una terraza con sangría? ¿Qué te pasa cuando nadie te hace caso en una publicación? ¿Cuántas fotos descartaste porque no salían ‘instagrameables’?

La gente se engancha con lo que le toca las tripas, no con un filtro Valencia. Si tienes negocio local, por ejemplo, no basta con enseñar tu escaparate impoluto. Cuéntanos cómo montaste ese chiringuito, las veces que te salió todo mal, los días que vendiste un chicle y gracias. Eso sí mola. Eso TE diferencia.

Mira esta publicación que lo refleja todo con un humor bastante negro pero muy realista: un chute de realidad que sale a romper la farsa habitual. Y sí, te hará pensar. Échale un vistazo aquí si no se ha cargado el vídeo.

Convertir seguidores en clientes sin hacerte el vendemotos

Los algoritmos cambian más que tu cuñado de chaqueta en una cena de empresa. Lo que no cambia es el valor de la conexión real. Esa que te permite convertir a los que te miran en los que te compran. Y no hace falta que hables como si fueras el CEO de Silicon Valley. Basta con que hables claro.

Muchos se empeñan en meter términos rimbombantes y técnicas de persuasión del año de María Castaña. Pero si vendes zapatos, cuenta cómo están hechos, quién los cose, cuánto duran. Si haces pan, habla de tu pan, de esa madre que lleva 12 años viva en la encimera. Sé tú. Bájate del pedestal digital, hombre ya.

Si quieres curiosear cómo trabajan desde la propia plataforma, pásate por su centro de ayuda oficial para aprender cómo mejorar tu visibilidad (sin vender tu alma).

Y si eres un negocio local en España, deja que los perfiles random se peleen por tener más ‘me gustas’. Lo tuyo va de otra liga: de mirar a la cara (a través de la pantalla, sí, pero con honestidad) a quien puede cruzarse contigo mañana en la calle.

¿Tienes un negocio, un proyecto o simplemente un mensaje que vale la pena gritar? Entonces es hora de dejar de parecerte a todos los demás.

Llámanos, escríbenos o vente con tu café y tus ganas a contarlo en condiciones. Al fin y al cabo, quien tiene algo que decir, no necesita filtro.

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