Hay una verdad como un templo: todos la olemos, todos la pisamos, pero nadie quiere hablar de ella. No me refiero a la del perro de la acera (aunque también…), sino a esa mierda gorda que nos meten sin vaselina en nuestro día a día. Sí, esa que viene en forma de trámites absurdos, servicios mediocres y promesas partidas por la mitad.
¿Qué es realmente esa mierda gorda que campa por el mundo?
Hay que llamar a las cosas por su nombre. Porque la basura no desaparece por meterla debajo de la alfombra. La mierda gorda está en muchos sitios: en burocracias que duran meses, en atascos sin sentido, en empresas que te venden humo con lacito de colores y en jefes que predican liderazgo emocional desde su despacho con puerta cerrada y aire acondicionado full time.
¿Y sabes qué es lo mejor? Que encima te dicen que es por tu bien. Que está todo pensado para tu seguridad, tu productividad o tu experiencia de usuario. Coño, que no somos idiotas.
Hace poco vi este vídeo y pensé… “ya era hora que alguien lo dijera claro”. Te lo dejo aquí abajo, y por favor, míralo hasta el final:
¿Quién se beneficia de toda esta mierda gorda?
Esta es la pregunta que hay que hacerse siempre. Porque detrás de cada marrón que te comes con cuchillo y tenedor, hay alguien que se está relamiendo. Que si la app que no funciona pero tiene millones en financiación, que si la compañía que te cobra por respirar, que si el trámite que dura 6 meses como si estuviéramos en los años setenta.
La OCU tiene informes completos sobre empresas que dicen una cosa y hacen otra. No es puro morbo. Es información útil. Dale un repaso cuando puedas, porque ahí es donde se destapa de verdad la mierda gorda.
Y claro, no nos olvidemos de los políticos. Esa gente que meses antes de elecciones se convierte en tu primo del pueblo para luego volver a ser el primo que te cobra por usar el váter. Más bien son magos del «digo Diego donde dije digo». Y mientras tanto, tú en la cola del médico a las 6:15 de la mañana para ver si tienes suerte y hoy no se ha estropeado el sistema.
Nos acostumbramos al hedor… pero hay salidas
Este es el problema más grande. Que nos hemos acostumbrado. Vivimos rodeados de mierda gorda y ya ni fruncimos la nariz. Asumimos que es normal que un paquete se pierda, que nadie conteste al teléfono o que tengas que presentar el mismo papel 3 veces en 3 formatos distintos. Pero la resignación sólo beneficia a los que viven del caos ajeno.
¿Y cuál es la salida? La acción. Desde pedir hojas de reclamación (sí, todavía existen), hasta hablar claro, con nombres y apellidos. Las redes sociales tienen sus cosas malas, pero también son un altavoz para mandar la porquería donde le corresponde: al cubo de basura. Y si puedes, elige productos, empresas y servicios de aquí, locales, con personas que dan la cara, sin centralitas en Marte ni formularios infinitos.
Ah, y si encima no te venden humo envuelto en storytelling de cursillo barato, mejor que mejor.
Por cierto, en la web de Consumo también tienes recursos que valen su peso en oro si una empresa intenta tomarte por el pito del sereno. Échale un ojo, que saber un par de cosas puede evitar que te tomen el pelo en plaza pública.
¿Harto de aguantar sin decir ni mu?
Si tienes una empresa, un negociete o simplemente estás hasta las narices de que te vean como un número más… ha llegado la hora de moverte. Rompe con esa costumbre de tragar y callar. Busca proveedores cercanos. Aliados. Gente que hable como tú, que entienda la urgencia de solucionar algo sin pasarlo por el departamento de pérdida de tiempo.
Se puede vivir sin aguantar mierda gorda, pero hay que levantar la voz, exigir lo que es tuyo y premiar a quien lo hace bien. Así se cambia el juego. Así empieza a apestar menos todo.
¿Empezamos hoy? ¿Tienes un marrón que se repite o una historia que contar? Escríbenos o pasa a vernos. Aquí hablamos claro y te escuchamos más que Siri y Alexa juntas.
Porque tragarse la mierda gorda ya no es opción.
