Instagram: el escaparate donde se cuece todo (si sabes cómo usarlo)

Vamos a dejarnos de tecnicismos y ponernos serios (pero con gracia): Instagram no es solo postureo y filtros con orejitas de perro. Es el alma comercial de medio Internet, la vidriera donde las marcas se pelean por tu atención como en Mercadona cuando ponen las croquetas rebajadas. Y tú, que estás aquí, seguramente lo sabes. Pero quizá no sabes sacarle todo el jugo. O el zumo, si te pones fino. Vamos a ello.

Instagram ya no es lo que era (y eso es estupendo)

Muchos se quejan de que Instagram “ha muerto”, que el algoritmo es un ogro y que solo tienen visibilidad los que bailan con su gato. Vale, pues también te digo que el algoritmo premia la constancia, el contenido natural y, sobre todo, la utilidad. Si sabes lo que haces, puedes darte un paseo por la gloria online sin tener que venderle tu alma a Zuckerberg.

Lo primero es saber a quién hablas. Instagram es conversación, no sermón. Así que deja de gritarle a la cámara como si fueras un telepredicador y conecta con tu audiencia. Crea contenido que solucione un problema, que informe, que haga reír o cabrear. Que despierte algo. Si no haces sentir nada, eres un mueble en el feed. Y nadie sigue a muebles. Ni a cuentas muertas.

Reels: la droga del algoritmo (y tu mejor aliado si sabes jugar)

Ahora mismo, si no estás haciendo Reels, Instagram te pone en la clase de los lentos. Así es. Pero no vale hacer cualquier cosa, no. Aquí tienes que ser más listo que el que inventó los stories borrables. Lo bueno es que no necesitas ser Spielberg: necesitas ser tú, pero interesante. O tú con una linterna en la cara contando cosas impactantes.

Mira este Reel, por ejemplo:

¿Ves? No hay que complicarse la vida. Pero sí hay que saber qué haces, por qué lo haces y para quién lo haces.

Los errores que te están hundiendo el engagement (y que puedes remediar hoy mismo)

1. **Publicar sin estrategia**: Esto es como tirar flyers desde una avioneta esperando que alguno caiga en la paella de alguien. Sin sentido.

2. **Comprar seguidores**: Sí, tú. Lo hiciste y ahora tienes 20.000 bots rusos que no te dan ni un triste like. Ya basta.

3. **No responder comentarios**: Si te hablan y no contestas, es como invitar gente a tu casa y luego esconderte en el baño. Mala educación digital.

4. **Perfil sin gancho**: Si tu bio es más sosa que un zapato, la gente se irá antes de ver nada. Optimiza tu perfil, pon una buena descripción y un enlace claro.

5. **No probar cosas nuevas**: ¿Tienes pánico escénico? Graba sin enseñar la cara. ¿No sabes editar? Menos es más. Pero hazlo. Muévete o Instagram te atropella.

¿Un consejo extra? Si vendes productos para gatos (¡sí, tú, amante felino!), echa un ojo a la Catit España – Tienda oficial. Ellos han conseguido un perfil en Instagram útil, bonito y con comunidad real. Y si no me crees, mira sus contenidos. Inspiración pura para quienes quieren hacerlo bien sin venderse al típico “haz crecer tu Instagram en 5 pasos”. Spoiler: no hay atajos.

Conclusión: Tu Instagram puede ser una mina (o un cementerio, tú decides)

La diferencia entre petarlo en Instagram o sonar como grillo en mitad del monte está en cómo usas la plataforma. No necesitas ser influencer. Necesitas ser útil, conectar y tener claro qué haces ahí. Si cuentas historias, resuelves problemas y le das caña (sin sobreactuar), puedes construir una comunidad que de verdad te escuche. Y, oye, si encima vendes algo, mejor que mejor.

¿Tienes un negocio en España y quieres usar Instagram para atraer clientes de verdad? Pues es hora de ponerte serio con esto del marketing. Deja de marear la perdiz con filtros de unicornio y empieza a compartir cosas que importen. En el fondo, el éxito en Instagram está más cerca de un bar de barrio que de una pasarela de Milán. Auténtico, útil y humano.

Catit España – Tienda oficial ya lo está haciendo. ¿Y tú?

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