¿Alguna vez has sentido que estás gritándole al vacío? Publicas, subes historias, te curras los reels, eliges la canción como si fuera la banda sonora de tu vida… y nada. Apenas un par de ‘me gustas’ de tus amigos de toda la vida y tu madre, que aún no sabe borrar comentarios. Bienvenido al maravilloso universo de intentar petarlo en redes sin saber muy bien cómo ni por qué, y sobre todo, sin parecer desesperado.
Lo importante no es estar, es ser visto
No te digo nada nuevo si te cuento que hay más cuentas en plataformas sociales que habitantes en algunos países. Tu cuenta no es nada si nadie se detiene a mirarla. Lo jodido no es tener un perfil, lo difícil es conseguir que ese perfil diga algo, tenga alma, tenga picante. Y lo más importante: que la gente lo quiera compartir porque sí… no porque le robes el móvil.
La plataforma oficial está pensada para atrapar la atención, sí, pero para aprovecharla tienes que entender cómo se juega esto. Esto no es un álbum de fotos bonito, es un escaparate ambulante… donde siempre hace frío, y o luces o nadie mira.
¿Cuál es el truco? Hacer que la gente pare el dedo. Esa es tu guerra. En mitad de tanto dedo deslizante, tu encuadre tiene que gritar sin perder la clase. Como una buena bofetada con etiqueta.
Contenido que huele a verdad (y no a postureo barato)
Hay una diferencia clara entre mostrar tu vida y montarte un espectáculo. Y no tiene nada que ver con el filtro que uses. O bueno sí, pero no en el sentido que crees. Lo que engancha no es la perfección, es la imperfección auténtica. Esa que no intenta esconderse. Esa que se mezcla con una risa, con un error, con un momento que no estaba previsto y por eso se vuelve mágico.
Olvida los horarios robóticos y las frases recicladas. A la gente ya no le queda espacio mental para procesar más contenido ‘correcto’. Quieren ver cómo eres de verdad, con tu cara de lunes, con tu café frío, con tu forma de decir buenos días que parece una amenaza. Ese eres tú. Y ese tú, si sabe contarse, interesa.
Y por si andas buscando algo de inspiración (o simplemente quieres ver un vídeo que no sea un truño motivacional más), te dejo un reel directamente incrustado aquí abajo. Dale al play, no hace falta buscarlo fuera, ya lo tienes aquí:
Lo que dices, cómo lo dices… y a quién se lo dices
La clave, al final, no es qué subes, sino cómo haces sentir a los que te ven. Porque las redes no van de mostrar, van de emocionar. De generar algo. Una risa, una sospecha, empatía, esa punzada que les empuja a comentar, a compartir… o a criticarte, que también te coloca en el mapa.
El formato importa, sí, pero no tanto como el relato que montas alrededor. ¿Quién eres tú para la gente que te ve? ¿Eres el que presume? ¿El que ayuda? ¿El que siempre tiene algo que contar que nadie ha dicho antes? Encuentra eso y sube el volumen.
Y si de verdad vas a jugar en esta liga, más te vale saber dónde te metes. Echa un ojo a la versión profesional de la plataforma donde explican cómo usar anuncios, estadísticas, ¡y hasta cómo salir en la foto sin parecer un maniquí!
¿Te gustaría que te ayudase a hacer esto desde cero para tu negocio local? ¿Quieres que parezca que eres un genio de las redes, sin tener que pasar tres horas editando un vídeo que nadie ve? Entonces escríbeme. Lo hago fácil, útil y con gracia. Como debe ser. Mira, si estás por aquí y quieres petarlo sin verte ridículo, hablemos. Tú pones el caos, yo le doy forma.
