Mira, esto va de visibilidad. De dejar de hablarle al vacío como quien le cuenta un sueño a una piedra. Si estás subiendo contenido que ni tu madre lo comenta, igual lo que necesitas no son más filtros, sino un plan. Y no de esos rimbombantes con palabras en inglés que suenan bien en conferencias, sino uno de verdad. Uno que funcione.
La trampa de gustar a todos (y no gustarle a nadie)
El error más grande que cometes -y no es tu culpa, nos lo han vendido así- es querer caer bien a todo el mundo. Te lo digo ya: el contenido que intenta gustar a todos es invisible. Como los buenos perfumes, solo lo huelen quienes se acercan. Así que olvídate del promedio. Si tienes algo que decir, dilo sin pedir permiso.
La clave está en dar con ese estilo que cuando alguien ve tu foto, tu texto o tu historia diga: «Este es fulano». Que no tengas que firmar nada. Hazte reconocible sin poner tu cara en primer plano, que para eso está tu forma de contar las cosas, tu punto de vista, tu mala leche bien encauzada.
Y no, no hace falta que seas un genio del marketing digital. Solo necesitas saber a quién le hablas. Y no me refiero a segmentar audiencias con métricas rarunas. Me refiero a imaginarte al tipo, la tía, la peña que quieres que te lea. Habla para ellos y solo para ellos.
¿Quieres followers o clientes?
Porque no es lo mismo. Muchos likes no pagan facturas, pero una comunidad que confía en ti, sí. ¿Y cómo se construye eso? Diciendo cosas que importen. Contando lo que nadie está contando. Compartiendo algo más que tus desayunos.
Hay gente que hace magia con las redes sin subir una sola foto suya. Otros, se graban con una luz que haría llorar al mejor director de fotografía y no pasa nada. Aquí el truco está en ser brutalmente auténtico. Que se note que escribes tú. Que hablas tú. Que detrás de cada post hay alguien con entrañas y no un algoritmo de IA refrito.
Y por si aún te quedan dudas de cómo se puede hacer bien, echa un vistazo a este vídeo que lo deja bien clarito. Una buena pieza de contenido puede decir más que mil palabras (y eso te lo dice alguien que vive de escribir):
El algoritmo no muerde, pero tampoco es tu colega
Mucho se habla de cómo domar ese bicho que decide si apareces o no en los muros de la gente. Pero lo cierto es que lo importante no es gustarle al algoritmo, sino a las personas. Si tú consigues que alguien se quede más de 8 segundos en tu contenido, compartes algo que merece la pena leer y recibes comentarios reales (no el típico emoticono blandito), el algoritmo ya hará su parte. Pero empieza tú.
Si quieres estrategias conocidas por los que viven de esto, échale un ojo a la guía oficial de Instagram para creadores. No porque sean los más guays, sino porque manejan los datos y saben por dónde respira la cosa.
¿Otra ayuda? Hay herramientas que te chivan cuándo publicar, cómo ajustar los hashtags sin parecer desesperado y hasta cómo leer los números sin llorar. No está de más que trastees por sitios como Later, donde te cuentan cómo mejorar sin vender el alma a una agencia.
Que no te vendan la moto: no necesitas ser viral, necesitas ser recordado.
Y para eso, puedes empezar hoy.
¿Vives aquí? Entonces esto te interesa
Si tienes un negocio en tu ciudad, si eres profesional, si estás harto de ver cómo los que tienen menos talento que tú se llevan todos los clientes porque “lo petan en redes”… respira hondo y escríbeme. Trabajo con perfiles como el tuyo. Gente con huevos, con talento, con algo que decir. Gente que solo necesita que le enseñemos cómo contarlo para que los demás escuchen.
Así que hazlo fácil. Pasa por mi oficina, mándame un correo o déjame tu número. No nos vamos a casar, pero quizá tengas suerte y consigamos que por fin alguien diga: «Eh, este tío sí que sabe lo que hace».
