Si estás leyendo esto es porque algo de ti, de tu marca o de tu negocio quiere comerse el mundo a través de esa aplicación de cuadraditos que todos abrimos sin pensar. Esa que empieza con I y termina igual que tu motivación cuando no recibes ni un mísero like en toda la semana. Pero tranquilo, que aquí no has venido a llorar: aquí vienes a plantar una bandera gorda en los ojos de los demás y decirles: ‘eh, que estoy aquí, mírame’.
¿A qué narices entras tú a Instagram si no es para destacar?
Mira, la gente está cansada de lo mismo de siempre: fotos con filtros que ya no sorprenden ni al cuñado más boomer. Lo que de verdad engancha es mostrarte con intención, con carácter, con algo que digas «ostras tú, esto no lo había visto antes». El algoritmo no es tu enemigo, es que tú todavía no le has dado un buen motivo para sacarte a bailar.
¿Y cuál es el secreto? Tener un mensaje que no pueda ignorarse. Si publicas como quien lanza migas a las palomas, no te quejes si sólo vienen palomas. Pero si sueltas un buen trozo de pan caliente, crujiente, con olor a horno… se monta una cola que ni en la panadería de tu barrio.
Entonces, ponte serio: ¿lo que publicas llama la atención o solo rellena el feed? ¿Estás siendo tú mismo o el primo aburrido del diseñador gráfico al que sigues desde 2016?
Que se metan en tu perfil y digan: aquí hay oro
Piensa en esto: tú pasas escaneando perfiles a una velocidad de vértigo. Das dos toques y te vas. ¿Qué tiene que tener un perfil para que pares? Una estética bien definida, un mensaje auténtico y, por qué no, un toque de provocación sutil.
No es solo lo que dices, sino cómo lo dices. Necesitas crear contenido con alma, sin parecer una fotocopia del último gurú de moda que en realidad se graba vídeos caminando y diciendo frases de Paulo Coelho como si fueran suyas…
Haz que tu contenido sirva a tu propósito. Eso implica tener una estrategia, no una tómbola. Publica con intención, con enfoque. Muestra quién eres tú, qué problema solucionas, qué historia hay detrás de esa foto aparentemente casual que tanto curro te ha costado montar.
¿Quieres hacerte hueco? Añade valor, entretén, enseña algo útil, ¡haz reír a alguien, por el amor de dios! Pero no publiques por castigo.
Y de paso, si quieres ver cómo se la juega la gente que lo hace bien, échale un vistazo a las reels de Instagram que funcionan. No para copiar, sino para inspirarte y encontrar tu ritmo.
Lo que nadie te dice: juega para ganar, no para gustar
Este es el quid de la cuestión. La gente que triunfa no está pidiendo likes como quien pide un euro en la puerta del súper. Están generando comunidad, moviendo un mensaje que resuena, que tiene fondo y forma.
Y sí, se curran los contenidos como si cada publicación fuese la portada de Rolling Stone. Pero con su toque. Con su verdad. Con un estilo que no busca agradar a todo el mundo, sino atraer justo a su tribu. A esos locos maravillosos que conectan con su forma de ver y hacer las cosas.
¿Estás listo tú para hacer lo mismo? ¿O vas a seguir esperando a que el universo, Zuckerberg y los astros se alineen para que alguien te vea?
Por cierto, si necesitas referencias de cómo usar bien este canal (ya sabes cuál…), aquí tienes un artículo oficial muy interesante que te puede dar pistas sin volverte loco.
Porque estar en redes y no entenderlas, es como tener un Ferrari y usarlo para ir a por pan.
¿Y ahora qué? Pues ahora te toca moverte
Esto no va de postureo, va de estrategia, autenticidad y huevos. Y si tú quieres empezar a tomarte en serio tu presencia online, como debe ser, igual lo suyo sería que hablásemos.
Trabajo con negocios que quieren dejar de ser invisibles. Que quieren usar esta plataforma de forma inteligente, no como un buzón de autoayuda. ¿Te interesa?
Si estás en España y te apetece que te eche un cable a poner todo esto patas arriba para bien, puedes escribirme. Pero sólo si vas en serio, que el tiempo es oro. Y yo no trabajo con cualquiera.
Te leo. Pero ahora, mueve ficha tú.
