Vivimos en la era de quedar bien. Que si postureo por aquí, que si filtros con piel de porcelana por allá. Pero ¿qué pasa cuando decides contar algo real, sin edulcorar, con chispa, con esa verdad que remueve? Entonces, amigo mío, pasa que la gente para el pulgar y se queda a mirar. Y si eso ocurre en las redes sociales, especialmente en esa que parece diseñada para lucir vida perfecta… tú ya sabes cuál es… entonces empiezas a destacar, a resonar y —lo más importante— a conectar.
El truco sucio para que te escuchen
No necesitas ni la mejor cámara, ni un feed que parezca sacado de una revista de decoración nórdica. Lo que necesitas es decir algo que no suene a más de lo mismo.
En ese océano de cereales con aguacate y pies en la arena, alguien con algo que decir —de verdad— es como un relámpago en mitad de una cena de padres del cole. Se nota. Se siente.
¿Quieres llamar la atención en esa plataforma donde todos están gritando sin decir nada? Entonces, deja de intentar gustar a todos y empieza a molestar un poco, ser divertido, raro o incluso antipático… pero desde lo real.
Como muestra, un botón con buen audio, buen ritmo y mensaje con gancho. Míralo aquí mismo, sin moverte del sitio:
Cuenta lo que nadie se atreve a decir
¿Tienes un negocio? ¿Un proyecto? ¿Algo que ofrecer? Bien. Pero si aburres, estás muerto. Las redes no esperan. En el tiempo que tardas en decir “hola Instagram” ya han hecho scroll cuatro veces hacia otro vídeo de gatitos tocando el piano.
Por eso necesitas historias. Necesitas momentos reales. Tu colega que nunca aparece en las fotos porque “sale mal”, el cliente que te confesó que lloró al ver tu trabajo, ese fallo que cometiste y que casi te cuesta el sueldo del mes… Todo eso vale su peso en oro digital.
No es casualidad que los creadores más potentes de contenido hagan vídeos que parecen grabados en el salón de su casa con pijama. Es porque la gente confía más en quien se muestra humano que en quien se vende como perfecto. Instagram lo sabe, y por eso te premia si consigues que la gente se quede, comente, se emocione… y sobre todo, si compartes algo que no parece una publi de colchones con descuento por tiempo limitado.
Haz que se acuerden de ti como de un ex que no supera nadie
Tener seguidores que te miran es fácil. Lo difícil es tener seguidores que se acuerden de ti cuando no estás en pantalla, que recomienden tus publicaciones porque algo les removió, y que te busquen incluso si desapareces una semana.
¿Cómo se consigue eso? Imprime tu voz. Esa forma tuya de cabrearte, de explicar las cosas con dos tacos bien puestos y una sonrisa torcida. Explota lo bueno, lo raro y también lo incómodo. Llena tu perfil de momentos que la gente pueda sentir más que mirar.
Si vendes servicio, producto o haces personal branding, el truco es el mismo: convierte tus publicaciones en encuentros. Que no parezcan anuncios, sino charlas entre birras. Que tu competencia lo vea y se ponga nerviosa. Que el marketing suene a verdad.
Además, puedes optimizar tu estrategia recurriendo a herramientas oficiales o guías útiles: echa un vistazo a la plataforma profesional de Instagram para conocer buenas prácticas sin ahogarte en tecnicismos.
¿Tienes algo que contar? Pues cuéntalo ya, pero bien contado.
¿Y si lo que haces no es tan interesante?
Mira, eso de «mi sector es aburrido» es una excusa que ya huele. No hay temas aburridos, solo formas aburridas de contarlos. Si tú haces tornillos, fabrica tornillos tan sexy que la gente los quiera colgar en su salón. Si llevas una gestoría, ríete de la declaración trimestral en vez de esconderla.
La clave está en la mirada. En cómo haces que el otro vea lo que tú ves. Y para eso no hace falta ser poeta ni influencer. Basta con tener algo que decir y ganas de decirlo sin filtros de unicornio.
Así que saca el móvil, abre la app, y dale al REC con ganas. Y si puedes mirar a la cámara como si el que está al otro lado fuera tu mejor colega, mejor aún.
¿Quieres que la gente hable de ti en vez de hacer scroll?
En tu ciudad, en tu barrio, hay gente como tú. Harta de los mismos vídeos clónicos y mensajes vacíos. Con ganas de algo que tenga garra. Y si tú se lo das, también llamarán a tu puerta, contratarán tus servicios y dirán: “Esa cuenta, sí que mola”.
¿Te ayudamos a conseguirlo? Escríbeme, invítame a un café o mándame un audio de esos que dan vergüenza ajena. Pero haz algo. Porque ahora es el momento. Y si no lo haces tú, alguien más se colará en tu sitio.
Haz que tu historia brille donde todos enseñan lo mismo. Y recuerda: lo que cuentas de verdad, se nota. Y eso, en el fondo, es lo que conquista.
