El vicio moderno que nos tiene hipnotizados (y quizá no esté tan mal)

Imagínate que alguien te dijera hace diez años que ibas a pasar horas mirando vídeos de desconocidos bailando, contando anécdotas o enseñándote a freír un huevo de una manera “revolucionaria”. Te habrías reído en su cara. Y ahora mírate. Enganchado como una polilla a la luz azul de la pantalla.

Pero ojo, no me malinterpretes. No vengo aquí a regañarte. Al contrario. Vengo a decirte que quizá, solo quizá, no sea tan mala idea seguir el fenómeno que ha cambiado la forma en que consumimos entretenimiento.

El poderoso imán de lo inmediato

Estamos hablando de una aplicación que tiene más veneno que la mirada de tu ex. Lo abres para ver un vídeo rápido mientras esperas el café y sin darte cuenta se te ha enfriado el café, te has quedado sin batería y has redescubierto que los gatos son maestros del escapismo.

La clave está en su algoritmo adictivo, ese que parece saber más de ti que tu madre. Te sirve en bandeja exactamente lo que quieres ver antes incluso de que tú sepas que lo quieres. Humor, trucos de cocina, consejos para echar una siesta de nivel olímpico, vídeos de personas que hablan como si fueran tus colegas del barrio… Todo comprimido en ráfagas de segundos que activan tu dopamina como si te aplaudieran detrás de cada like.

El fenómeno no es casual. Este tipo de plataformas han entendido el lenguaje visual del ahora, el ritmo en el que vivimos: frenético, efímero y sin tiempo para la cháchara. Y eso tiene algo poderosamente humano. Queremos entretenernos, sí, pero rápido. Sin manual de instrucciones. Directo al pinchazo emocional.

La fábrica de creatividad más poderosa del planeta

Detrás de toda esa avalancha de vídeos hay un ejército invisible. Gente normal, como tú o como yo (bueno, algunos un poco más excéntricos), que ha descubierto una forma de expresarse sin pasar por filtros editoriales ni directores de marketing ansiosos. Esa gente es la que le da sentido. Y a ti, que estás leyendo esto, te digo que todos tenemos algo que contar. Aunque pienses que tu vida es un bodrio, te aseguro que alguien ahí afuera necesita justo ese bodrio para sentirse acompañado.

La buena noticia es que no necesitas una cámara de 5.000 euros ni un máster en edición de vídeo. Puedes abrir tu móvil, sonreír como si estuvieses borracho de alegría (aunque estés simplemente aburrido) y darle al botón de grabar. Es fácil, barato y más real que muchas charlas motivacionales.

Además, si eres de los que vende algo –lo que sea, desde tartas con forma de tortuga hasta servicios de copywriting para funerarias– este canal es tu nuevo escaparate. Con un solo vídeo bien tirado puedes llegar a más personas que con veinte euros de publicidad tradicional. Y eso, amigo mío, es oro puro para cualquier negocio.

Para que lo veas por ti mismo, aquí te dejo un vídeo que resume el espíritu de este fenómeno. Póntelo, pero cuidado, que engancha:

¿Una pérdida de tiempo? Solo si no sabes usarlo

Claro, como todo, esto también tiene su lado oscuro. Si te metes a las 3 de la mañana y sales a las 6 sin haber pestañeado, es posible que tengas un problema. Pero no más que el que se pasa dos horas mirando la vida perfecta y retocada de otros en redes sociales.

La clave está en convertirlo en una herramienta útil. Puedes usar este tipo de plataformas como entretenimiento sano, como inspiración creativa o incluso como una fuente de aprendizaje exprés. Desde cómo montar una estantería sin morir en el intento hasta saber qué significa “gaslighting” sin tener que buscarlo en el diccionario. Todo está allí. Sólo hay que saber mirar.

Y si quieres ir un paso más allá, puedes bucear en su sitio oficial para descubrir tendencias, herramientas de creación o incluso cómo sacarle partido si eres marca. Porque sí, también tienen su parte más profesional. La del glamour con filtros y hashtags que venden como churros.

Conclusión rápida y al grano: no subestimes lo que muchos llaman tonterías. En esas “tonterías” está el nuevo lenguaje de una generación que comunica sin miedo, enseña sin reverencias y conecta sin pedir permiso. Quizá ya va siendo hora de que tú también entres en el juego. Pero ojo, juega para ganar, no solo para pasar el rato.

Así que si tienes un negocio, una idea, un arte o simplemente ganas de contar algo al mundo, este puede ser tu escenario. No te hace falta un guion, solo ganas… y el primer paso.

¿Te animas a ser parte del fenómeno? Dale movimiento a tu marca, tu historia o tu energía desde donde estés. Y si necesitas un empujoncito para arrancar, aquí estamos, con teclado afilado y más ideas que miedo. Escríbenos y déjanos ayudarte a contar eso que llevas dentro, pero aún no se ve en pantalla.

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