Hay algo que pasa cuando abres esa aplicación. Esa… donde empieza un vídeo y luego otro, y luego otro, y cuando te das cuenta llevas media hora riéndote, flipando o viendo gente cocinar cosas que no vas a hacer en tu vida. Y sí, todo eso sin moverte del sofá. Si sabes de lo que hablo, estás metido hasta las cejas. No pasa nada, tranquilo, no estás solo: somos legión.
Se ha convertido en esa especie de barra de bar digital que no cierra nunca. Allí donde cada loco encuentra su manicomio, donde lo absurdo convive con lo brillante y donde, de vez en cuando, descubres algo que se te queda pegado como un refrán de tu abuela. Porque esta plataforma (ya sabes cuál, no hace falta decir su nombre) ha cambiado las reglas del juego. Y si no te has dado cuenta aún, cuidado, que igual vas un poco tarde.
¿Por qué engancha tanto esta plataforma?
Porque no es solo para críos. Ni para bailongos. Ni para gente desocupada. No. Es para curiosos, inquietos y un poco cotillas. Esa es la verdad. Uno no entra ahí a ver nada en concreto, pero acaba viendo de todo. Desde tutoriales que parecen magia hasta parodias que te hacen escupir el café. Y lo mejor: adaptado a ti. Porque cuanto más lo usas, más te conoce. Y eso da miedo y placer a partes iguales.
Si tienes un negocio, ignorar este escaparate es como cerrar los ojos y cruzar el paso de cebra. Hay fontaneros que lo petan enseñando cómo desatascar un wc con una botella. Psicólogos que te explican en un minuto por qué te comes las uñas. Y panaderos que han hecho de sus hornos una pasarela con más visitas que la Puerta del Sol. ¿Casualidad? No. Estrategia, creatividad y mucho de entender que hoy la atención es el nuevo oro.
No se trata solo de ver, se trata de conectar
Lo fácil es pensar que es puro entretenimiento. Lo difícil es ver la mina de oro que hay detrás. Porque si tienes algo que decir, enseñar o vender… ahí está tu público. Desde adolescentes hasta abuelas modernas con más marcha que tú. Todos caben. Y todos están ahí para lo mismo: curiosear, descubrir y dejarse sorprender.
Además, hacerlo bien no cuesta un riñón ni necesitas un máster en marketing digital. Basta con ser auténtico, tener algo que aportar y no tomarte demasiado en serio. Casi como en la vida. A veces con una idea, una frase potente o una edición curiosa, puedes llegar a miles. Y si no, que se lo digan al del taller de motos, a la florista de barrio o al chaval que enseña expresiones en andaluz. Todos tienen su público. Y tú también.
Por si no lo has visto aún, aquí te dejo un ejemplo que es como una buena tapa: entra solo y pica lo justo para que quieras otro:
¿A qué te has sonreído? Pues eso. Y lo has hecho sin salir de esta página. Imagínate lo que puedes conseguir cuando tú seas el que provoque esa sonrisa.
Si eres de los que dicen: «Esto no es para mí», cuidado
Mi consejo es que lo pienses dos veces. Porque esto no va de modas, va de estar donde está la gente. Y hoy la gente no está en la tele, ni leyendo folletos, ni abriendo correos que acaban en spam. Está ahí, deslizando con el dedo, buscando algo que le saque una risa o le enseñe algo en menos de 60 segundos.
Y si realmente quieres entender mejor esta nueva forma de conectar, echa un vistazo al sitio oficial y verás que no te exagero ni una pizca.
Que no te pille el toro. Que no seas de esos que dicen “yo paso de eso” y al año están preguntando cómo funciona, cuando ya todo el mundo está en otra cosa. Porque sí, las modas cambian. Pero lo que no cambia es la lucha por la atención. Y ahora mismo, la tienen ellos.
No dejes que tu marca sea invisible. Empieza a moverte. Enseña algo que se te dé bien, cuenta lo que haces diferente o simplemente sé tú con un poco de gracia. Créeme, hay sitio para ti.
Y si estás cerca, pásate por aquí. Te echamos una mano para que no empieces de cero. Porque sabemos lo que funciona y cómo decirlo para que impacte. Y sí, también tenemos sentido del humor. Pide tu sesión gratuita y hablamos con un café delante.
