Todos creemos que podemos contar algo que otros querrían escuchar. Y fíjate tú, muchas veces es verdad. Pero claro, te plantas delante del ordenador, abres una cuenta, le das a grabar y… ¿luego qué?
Bienvenido al bendito caos de los vídeos eternos y los suscriptores esquivos. Hoy no vengo a darte fórmulas mágicas ni promesas vacías, pero sí a meterte en el cuerpo eso que hace falta para dar el paso con sentido. Porque esa plataforma a la que todos llaman «el segundo buscador más potente del planeta» puede ser, si sabes usarla, tu nuevo escaparate. Ese donde cuentas, vendes y conviertes, aunque a muchos les joda reconocerlo.
Lo que nadie te cuenta (pero deberías saber)
El mayor error no es no tener ideas. Es pensar que necesitas ser gracioso, carismático o tener el mejor equipo del mundo para que la gente te preste atención. Spoiler: no hace falta. Lo único que tienes que tener es algo que no se encuentra en el Media Markt, y eso es decir las cosas como solo tú sabes decirlas.
El algoritmo de YouTube se alimenta de constancia, interés y tiempo de calidad. Pero para enganchar, hace falta más que eso. Hace falta curro. Del de verdad. Del que se hace sin ganas a veces. Porque si esperas a tener el día perfecto, el guión perfecto y la iluminación de Spielberg, pasarán años. Aquí te lo explican con tecnicismos, pero ya te digo yo que nadie ha empezado siendo experto. Se aprende grabando, publicando y, sobre todo, cagándola en público.
De la cámara al bolsillo: cómo convertir vídeos en ventas
Si tienes un negocio, estás perdiendo dinero si no estás ya grabando. Así, en seco. ¿Hay cosas que sabes hacer? ¿Solucionas problemas que otros buscan en Internet? Pues lo tienes delante.
No necesitas millones de vistas. Necesitas las correctas. Las que vienen de tu barrio, de tu ciudad, de esa persona que necesita justo lo que tú haces. ¿Un fontanero que da trucos en su canal? Clientes garantizados. ¿Un abogado que descomplica los papeles y lo cuenta con gracia? Pues eso. Mostrar lo que sabes hacer vendiéndolo sin parecer un vendedor. Esa es la clave.
Y cuando te digo que empieces, me refiero a ahora. No mañana, no después del puente, no cuando «tengas tiempo». Haz una lista de los problemas que resuelves. Uno por vídeo. Y no me enrollo más, que ya lo explica muy bien este vídeo:
Haz que te encuentren, pero sobre todo que te recuerden
Mostrar la cara y la voz genera confianza. Y eso, en un mercado saturado hasta el techo, vale más que cualquier logo bonito o post viral. La gente compra a quien conoce, a quien le cae bien, a quien parece de los suyos. Y tú, si eres listo, serás esa persona.
Invierte más tiempo en grabarte que en perfeccionar el logo del canal. Olvídate de los haters, que son como los mosquitos en verano: aparecen cuando haces ruido y te ignoran si te quedas quieto. Y sobre todo, haz vídeos para tus futuros clientes, no para tu ego. Ya verás la diferencia.
Si quieres saber más sobre métricas, tiempos y cómo hacer que tu canal crezca, esta página oficial es imprescindible. Pero nunca olvides que lo técnico sin lo humano no vende. Y tú estás aquí para eso.
Llama tú antes de que te llamen (o peor, que llamen a otro)
Si tienes un negocio local y no estás usando este altavoz gratis, estás dejando que otro se lleve lo que podría haber sido tuyo. No hace falta ser influencer, ni tener a tu primo en Google. Hace falta saber que hay gente al otro lado buscando justo lo que tú haces y que puedes aparecerles tú, sonriente, directo y sin trampa.
Y si no sabes por dónde empezar o te falta ese empujoncillo para lanzarte, escríbeme. Estás a un clic de empezar a volverte visible.
