El escaparate donde se mide el ego y el talento a partes iguales

¿Sabes lo que más me alucina? Que cada vez que alguien abre esa aplicación del iconito rosa, azul y naranja, siente que entra en la pasarela de su vida. Tú también, admítelo. No es solo un sitio para ver fotos bonitas o gatitos haciendo monerías, es mucho más. Es el escenario del postureo, sí, pero también puede ser la herramienta más bestia que tengas para mostrar lo que vendes, lo que haces y lo bien que lo haces.

De escaparates y vedettes digitales

Vamos a dejarnos de cuentos: si no estás ahí dentro, es como si no existieras. Y esto se aplica igual para la tienda del barrio que para el fotógrafo que se curra sesiones de escándalo. Lo importante no es solo estar, es tener contenido de verdad, que no dé vergüencita ajena. Si lo que publicas no engancha, ni el algoritmo ni tus seguidores te van a hacer caso.

Está el que se piensa que esto va de ir tirando likes a diestro y siniestro, subir una foto con un filtro de 2014 y esperar que lluevan los seguidores. Te digo algo: eso ya no vale. Aquí mandan las historias personales, las verdades como puños y el saber contar. Como lo haces tú cuando estás en una charla con colegas y se te va la lengua. Pues eso pero bien pensado y con intención.

Los que venden sin parecer vendedores

Te habrás fijado que hay gente que no para de vender, pero no parece que venda. Eso es magia, colega. Usan las redes sociales como una sala de estar, donde invitan a su comunidad, les hablan al oído y les hacen sentir que son parte del sarao.

¿Y cómo se hace eso? Con contenido de valor, sí, pero sobre todo con autenticidad. Que les vean la cara, les escuchen el tono de voz y sepan que detrás hay una persona de carne y hueso. Por eso los reels, los stories y los vídeos funcionan como un tiro. Porque te acercan, porque humanizan, porque molas.

Mira este reel que te dejo aquí. Míralo. No hay excusas para no meterle energía y coherencia a lo que haces:

¿Y si te digo que todo esto lo puedes hacer tú también?

No hace falta que seas influencer ni que llegues al millón de seguidores. Solo necesitas saber quién eres, qué haces y qué quieres contar. Lo otro, te lo juro, se aprende. Se practica. Se pule.

Porque Instagram no es solo para presumir de viaje o enseñar abdominales. Es para conectar de verdad, para que si tienes un negocio en tu ciudad la gente te vea, te sienta cercano y te elija. Así, tal cual. También puedes echar un ojo a su centro de ayuda para sacarte más chicha del funcionamiento si vas más perdido que un pulpo en un garaje.

¿Tienes un bar? Enséñame cómo tiras la caña. ¿Eres entrenador personal? Que te vean entrenando. ¿Diseñas joyas? Muestra tus manos trabajando. Da igual a qué te dediques: la clave está en aparecer y en contar tu rollo. Bien contado, claro. Que para contar chorradas ya están los grupos de WhatsApp.

Instagram puede ser tu mejor escaparate, tu carta de presentación más potente, el altavoz que multiplique tus posibilidades. Solo tienes que tomártelo en serio.

Y si estás por aquí, por tu ciudad, y necesitas que alguien te eche un cable con esto de mostrar bien tu trabajo y hacerlo con garra… aquí me tienes. Escríbeme. Charlamos. Y le damos una vuelta a tu perfil para que deje de ser un álbum de fotos y empiece a ser la máquina de atracción que necesitas. Así funciona esto.

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