El escaparate donde se expone todo menos lo importante

Si existiera una plaza del pueblo donde todos quisieran hablar a la vez, mostrarse perfectos y que les aplaudan por tener el café más fotogénico, sería esta. Un lugar donde cuentan los me gusta más que los abrazos, y donde se suben sonrisas aunque por dentro se esté arañando la pared.

Todo el mundo mirando, pero nadie viendo

Lo curioso es que no hay tal cosa como desconectar aquí. Es una droga dulce, de luz azul y filtros que ocultan más que embellecen. Metes la nariz, y sin querer, ahí estás, deslizando el dedo entre vidas ajenas como si la tuya no mereciera atención.

Pero cuidado con lo que crees. Esto no es sólo para adolescentes y postureo. No señor. Es una herramienta brutal de visibilidad para quien sabe usarla. Un altavoz capaz de ponerte delante de miles, a coste cero y con un margen de ganancia que ya quisieran las vallas publicitarias del centro.

El problema no es el canal. El problema es lo que haces con él. Hay quien lo usa para servir humo envuelto en celofán, y hay quien se lo curra para contar historias que importan, que venden y que conectan. ¿Tú en qué lado estás?

La mentira bonita y el algoritmo caprichoso

Lo sabes. Es fácil perderse ahí dentro. Es fácil también frustrarse con cada publicación que pincha. Porque sí, el dichoso algoritmo está más inestable que una feria, y nadie sabe a qué santo rezar para que enseñen tu publicación.

¿Entonces para qué sirve? Para darte presencia. Pero no para alimentar el ego. Para que te encuentren cuando te necesitan. Para demostrar que lo tuyo va en serio. Que te lo tomas como un negocio, no como un coleccionable de selfies.

Y si realmente quieres que te vean y te tomen en serio ahí dentro, más vale que publiques con cabeza, con identidad y sin copia pega del vecino. Porque eso se huele a kilómetros y no engancha a nadie.

Por si necesitas un ejemplo de lo que sí funciona, aquí va un vídeo que dice más que diez stories juntas:

No es magia: es trabajo bien puesto

Claro que puedes tener visibilidad aquí. Pero no esperes resultados si te limitas al refrito de frases motivadoras y a fotos hechas con desgana. Esto va de estrategia, de constancia y de no parecer otro clon más.

Y va, sobre todo, de dar valor. No de mendigar atención con bailoteos y poses forzadas. Si no tienes algo que decir, lo notan. Si finges, también. Pero si te muestras como eres, con talento, oficio y honestidad, lo tienes todo para que te escuchen.

Puedes inspirarte en lo que hacen quienes ya saben cómo moverse. Por ejemplo, en esta página oficial puedes pegar un vistazo rápido a las funcionalidades que mejor tirón tienen ahora mismo y adaptar tu contenido con más sentido.

¿Y si no quieres hacerlo tú? Pues entonces busca a alguien que sí sepa, porque hacerlo mal aquí no sólo resta, también aburre. Y cuando alguien se aburre, desliza. Y cuando desliza, tú desapareces.

Conclusión: deja de vender humo y empieza a construir presencia. Pero una que hable bien de ti. Que no te dé la vergüenza ajena de mirar tus propias publicaciones dentro de seis meses. Que tenga alma, que parezca hecha a medida, y no en serie.

Y si estás en España, y no sabes por dónde empezar o tienes más dudas que certezas, mándame un mensaje. Sin promesas de humo, ni soluciones milagrosas. Pero con trabajo del que sí funciona, del que atrae gente real, de la que sí compra.

Que visibles, ya estamos todos. Pero que te vean de verdad… eso ya es otra historia.

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