Si algo nos gusta más que un churro en la feria de abril, es mirar la vida de otros sin que nos vean. Es esa voyerística moderna, ese vicio con apellido de red social: la plataforma que todos abren por la mañana aún con legañas en los ojos. ¿Sabes de cuál hablo, verdad?
Ese imán digital que te roba minutos como si fueran caramelos
Entras un segundo y sales una hora después con la cabeza como una lavadora en centrifugado. Porque sí, esa red bendita está hecha con un algoritmo que parece conocer tus deseos más secretos mejor que tu madre. Quieres ver recetas y acabas viendo gatos que bailan flamenco. Y te encanta. El scroll infinito, las historias de vidas aparentemente perfectas, las fotos con más filtros que una freidora industrial.
¿Cuál es tu excusa favorita para decir que la usas “por trabajo”? Da igual, no hace falta excusarse. En un mundo que funciona por lo que enseñas más que por lo que haces, esto se ha convertido en la vitrina de los sueños hechos imagen. O por lo menos, del postureo bien seleccionado.
Los negocios que no están ahí, simplemente no existen
Ahora imagina esto: tienes el producto perfecto, el servicio más fino y unas ganas de vender que ni un camarero en feria… pero nadie te conoce. Estás peor que un faro apagado. Porque si no estás en ese universo cuadrado de imágenes bonitas y stories sudando espontaneidad, es como si no existieras. Y en esto, créeme, hay más vida que en muchos escaparates del centro de Madrid.
Y no hablo solo de subir fotos. Hablo de saber contarlo, de emocionar, de enganchar. De darle a tus seguidores una razón para esperar tu próxima publicación como el que espera una nueva temporada de su serie favorita. Eso lo cambia todo. Eso vende. Y mucho.
Por ejemplo, dale un vistazo a lo que se puede hacer con creatividad, autenticidad y un poco de picardía. Este vídeo lo resume todo sin necesidad de mucho más:
Brutal, ¿eh? Ahí está la clave: mostrarte humano, distinto, pero con propósito. No se trata de subir por subir, se trata de conectar. Y eso, en un universo saturado de contenidos clónicos e intrascendentes, es oro puro.
La estrategia es más importante que el algoritmo (aunque el algoritmo es un cabroncete)
Muchos se quejan de que no crecen, de que sus publicaciones apenas tienen alcance, de que sus seguidores están dormidos. Y claro, si haces lo mismo que todos, ¿por qué ibas a destacar tú? La clave está en jugar bien tus cartas: qué publicas, cómo lo cuentas, cuándo lo haces. Y sobre todo, tener una identidad clara, reconocible, que parezca que hablas tú, no el becario ni la IA de turno.
Todo eso se puede trabajar. Incluso hay recursos buenísimos que te ayudan a entender cómo funciona la plataforma, como los que encontrarás en la página oficial de la herramienta. No hay excusas, hay oportunidades disfrazadas de trabajo bien hecho.
Y aquí entra en juego una cosa que muchos pasan por alto: el contenido local. Si eres una tienda de barrio, un taller de motos o una panadería que huele que alimenta… tus vecinos tienen que saberlo. No pongas fotos de playas tropicales si lo tuyo son las chapatas recién horneadas. Céntrate en lo tuyo, en tu gente, en tu zona. Eso es lo que enamora de verdad. Eso genera cercanía, fidelidad y ventas.
Así que si estás leyendo esto desde Madrid, Toledo, Sevilla o cualquier rincón donde la gente aún saluda al vecino por la escalera, te voy a pedir algo sencillo y directo:
Déjate de excusas y empieza a usar este escaparate digital con cabeza y corazón. Y si no sabes por dónde empezar o quieres subir un peldaño que te acerque al estrellato de tu sector, hablamos cuando quieras. Que aquí no vendemos humo, vendemos realidades visibles con likes de por medio.
Llámanos, escríbenos o manda una paloma. Pero mueve ficha. Porque si tú no cuentas lo que haces, otro lo hará por ti… y seguramente peor.
