Si creías que eso de colgar fotos y esperar ‘likes’ era suficiente, siento ser yo quien te lo diga: estás viviendo en los tiempos del Nokia 3310. Todo ha cambiado, y tú sigues creyendo que funciona el ‘mírame y no me toques’.
Ahora la atención se cobra cara, y si no sabes jugar bien tus cartas, te quedas fuera. Sí, aunque creas que tienes una cuenta monísima con tu logo pixelado y frases motivacionales que ya no emocionan ni a tu madre.
La trampa de querer gustarle a todo el mundo
¿Quieres una comunidad real o una colección de fantasmas digitales? Porque si sigues subiendo memes reciclados y esperas que eso te venda algo, vas listo. Aquí se trata de conectar, de contar cosas que importan, de decir lo que otros callan y, sobre todo, de mostrarte con naturalidad.
¿Te da miedo ser tú porque no es «profesional»? Pues mira, profesional es llenar la agenda de clientes, no repetir como loro lo que dicen todos en LinkedIn. En lugar de seguir los pasos de otros, haz algo diferente. Enséñales lo que piensas, lo que harías si nadie te juzgara… eso cautiva más que cualquier filtro de moda.
Y si te parece que todo esto es moderno, que va de postureo, te dejo aquí un vídeo que te va a abrir los ojos. Míralo, pero de verdad, tómatelo en serio:
No es solo tener presencia, es saber moverse como un ninja digital
Mucha gente cree que tener una cuenta bonita ya es estrategia. ¡Qué ingenuidad! La clave está en construir una narrativa, en generar conversación, en que alguien te lea y diga: «Esta persona me entiende, le compro». Esa es la magia que hace que una cuenta funcione.
Y sí, te lo tengo que decir: hay que currárselo. Escribir bien, decir algo con sentido, no repetir como papagayo campañas que ya han pasado de moda. Si quieres usarlo de escaparate, aprende a contar tu historia. En pocas palabras: sé útil, sé honesto y sé tú, pero con chispa.
Para eso, puedes inspirarte en lo que hacen los que saben. Un buen punto de partida puede ser la página oficial de herramientas para empresas donde te enseñan cómo sacar partido real a esta red.
Lo que no se muestra, no se vende (pero no seas pesado)
La venta sin parecer vendedor. Ese es el truco. No se trata de andar diciendo «compra aquí» con luces de neón, sino de estar tan presente, tan bien posicionado mentalmente, que cuando alguien necesite lo que tú haces, seas tú el primero en venirle a la cabeza.
Así que empieza hoy a trabajar con intención. Dale al teclado, graba vídeos de dos minutos con tu cara y tu mensaje claro, comparte cosas que no parezcan deslizadas de un calendario de contenido creado por robots. Que se note que detrás hay alguien con sangre.
Y si tienes dudas, si piensas que todo esto no va contigo porque tú tienes «otro tipo de público», te invito a repensarlo. Porque si hay personas mirando una pantalla, da igual su profesión: están aquí. Ignorar eso es como abrir una tienda y dejar la persiana bajada.
Haz ruido, pero con clase. Que se te vea, sí, pero sin necesidad de convertirte en un anuncio andante.
Y si estás cerca, si trabajas en España y necesitas repensar cómo estás usando tu escaparate digital, te invito a que me pegues un toque. Nos tomamos un café (real o virtual, como prefieras), cambiamos unas ideas y quién sabe, igual haces por fin que te miren como tú querías desde el principio.
¿Empezamos?
