Seguro que ya te has dado cuenta de que ahora todo el mundo tiene algo que vender. Y claro, como no vas a estar tú también dándole fuerte, ¿no? El tema es que algunas personas lo hacen como si tuvieran una lupa puesta sobre sí mismas y dicen: «¡Eh, mírame, que soy lo más!». Pero no funciona así. No en estos tiempos. No si quieres que la gente te escuche de verdad.
Vamos a hablar claro: si estás en ese escaparate digital donde cada gesto cuenta y cada palabra puede ser oro… más te vale afilar bien las herramientas. Porque no basta con subir fotos bonitas o vídeos de gatitos bailando. Tienes que saber jugar. Con garra. Con intención. Con estilo.
¿Estás dejando que te ignoren o mueves el cotarro con fuerza?
Mira, hay dos tipos de personas ahí fuera con perfil público: las que publican contenido como si fuera el parte meteorológico (aburridísimo y predecible) y las que construyen una presencia arrolladora que atrapa. ¿Sabes cuál eres tú?
Si tu objetivo es que te presten atención —de la buena, no el típico like por compromiso— entonces más te vale empezar a comunicar con verdad, alma y un par de ideas claras. Una buena estrategia empieza por saber para quién estás hablando. Porque si tu mensaje es difuso y genérico, nadie se siente aludido. Y el botón de seguir se queda tan frío como la nevera un lunes por la mañana.
Y no me vengas con que no tienes tiempo. Si realmente quieres resultados, toca meter el hocico y ensuciarse las manos. O dejarlo en manos de alguien que sí sepa lo que hace. Así de simple.
Humaniza tu perfil o mejor apaga y vámonos
Uno de los mayores errores que veo es ese intento de parecer perfecto. Si estás construyendo una audiencia basada en filtros y frases motivacionales de Mr. Wonderful, lo llevas crudo. La gente reacciona al contenido que huele a vida real, no a catálogo de perfumes.
Cuenta lo que te pasa de verdad, sin cortarte. Enseña cómo solucionas problemas reales. Y si metes la pata, también cuéntalo. Eso sí genera conexión. Eso sí vende. Porque no hay nada más potente que generar confianza, y la confianza no viene de parecer un robot sin defectos.
Y si todavía dudas si deberías ponerte en serio con tu comunicación visual, echa un ojo a esto:
Este tipo de contenido es oro puro. Emoción, historia, estética cuidada, ritmo. Así se crea impacto. Así la gente deja de hacer scroll.
El algoritmo puede darte amor… si sabes cómo tratarlo
No nos vamos a engañar: para que te vean, necesitas jugar un poco con las reglas de la casa. Los formatos más exitosos no son casualidad. Los reels, los carruseles con gancho, los directos bien montados… todo eso suma puntos ante el algoritmo maldito. Pero no te flipes: nada de eso importa si tu mensaje es hueco.
Esto va de contenido que resuena, que deja algo, que hace pensar o reír o enfadar. Pero sobre todo, contenido que hace que alguien diga: «Esta persona me entiende». Así es como se generan las conversiones, los seguidores fieles y las oportunidades reales.
Y ya que hablamos de dominar el juego, te recomiendo que le eches un vistazo a la fuente oficial de trucos y novedades, para estar siempre un paso por delante de tu competencia. Porque no basta con seguir la corriente. Toca marcar territorio.
Hazlo atractivo, hazlo auténtico, hazlo tú.
¿Te gustaría dar el salto pero crees que todo esto es un lío?
Entonces escucha: si estás en Madrid, Valencia o cualquier rincón de esta piel de toro y sientes que podrías darle vida a tu marca, pero todo esto te supera… aquí estoy. Trabajo con negocios como el tuyo que necesitan que sus perfiles dejen de ser fantasmas.
Déjame ayudarte a que tu presencia digital sea un imán en vez de una esquina olvidada. Ponte en contacto para que afinemos tu mensaje, potenciemos tu marca y te vean aquellos que realmente te interesan.
Porque en este escaparate digital no gana quien grita más, sino quien sabe contar historias que no se pueden ignorar.
