Hay una brújula invisible que todos llevamos en el bolsillo. No pita, no vibra, no tiene flechita roja. Pero te lleva. Y vaya si te lleva. Te planta en la puerta del sitio al que ibas a llegar tarde. Te saca del atasco que ni en tus peores pesadillas madrileñas. Te mete por una callejuela que parece sacada de una novela de espías… y te gusta. Porque a veces lo inesperado es mejor que lo planeado.
Cuando el mapa no solo es un mapa
No hablamos de cartografía aburrida, ni de aquello que estudiabas a regañadientes en el colegio. Hablamos de un asistente invisible que sabe más que tú y que tu cuñado juntos. Un tipo que conoce el bar con los mejores torreznos, el garaje que abre hasta el domingo de Pascua o el rincón para ver atardeceres sin que nadie te moleste. Eso, así de claro.
Te lo chiva todo. El tiempo que tardas andando, en coche, en burra si hace falta. El tráfico al minuto. Las rutas alternativas. Y ese sitio nuevo que ha abierto justo donde cerraron la ferretería. También te lo cuenta. Lo lleva todo en su memoria impoluta, como si tuviera ojos en cada calle.
Vale, lo confieso. Yo antes me perdía. Nivel ‘he nacido en esta ciudad pero parece que llegué ayer’. Ahora no. Lo reconozco: me dejo llevar. Que para algo están los que saben más que uno. Como este sistema que no solo te ubica, te entiende. Y eso hoy en día, créeme, no es poco.
Rutas con historia (y con sentido)
Lo bonito no es solo llegar (que también), sino lo que pasa mientras te mueves. Ese viaje improvisado al pueblo de tu abuelo, o la escapada exprés a ese río secreto donde aún se puede uno bañar sin pisar una colchoneta de unicornio. Si tienes a este colega tecnológico a mano, todo eso es más fácil. Más rápido. Mejor.
Además, no es simplemente para que los que se pierden lleguen a casa. No señor. También es una herramienta brutal para negocios locales. Te permite estar en el mapa de verdad. No colocar un cartel rojo chillón, no, mucho mejor: estar donde la gente te busca. Porque si no te encuentran, no existes.
¿Tienes un bar, un taller, una librería donde todavía huele a páginas nuevas? Entonces te interesa estar aquí, bien plantado, geométricamente atractivo. Y si ya te das de alta y revisas cómo apareces, mejor que mejor.
Lo mágico de mirar sin moverse
Hay días que no hace falta ni salir de casa. Puedes pasearte por Tokio en bata, o recorrer una carretera perdida de La Mancha mientras meriendas galletas. Porque sí, también puedes verlo todo sin dar un paso. Un vistazo alrededor y sabes si hay aparcamiento, si está lloviendo o si el sitio es tan bonito como las fotos decían.
No es brujería. Es eso que usamos cada día sin darnos cuenta. Y que, si te paras a pensarlo, te cambia la vida sin pedirte nada a cambio. Bueno, que actives la ubicación. Tampoco es tanto.
Y ya que estás, échale un ojo a lo que hay por esa zona. Quieto parao’. ¿Has visto qué maravilla de sitio? Pues te lo habrías perdido si no fuera por esto.
¿Tienes un negocio local? Pues amigo, no estar aquí es como tener una tienda sin escaparate. Ponte guapo. Súbete. Porque si el vecino sale, tú no puedes quedarte en el sofá. Y si ya quieres jugar en primera división, puedes publicar fotos actualizadas, responder reseñas o añadir tu horario exacto. Lo que viene siendo salir del mapa de la invisibilidad.
Así que ya sabes. Tanto si te pierdes como si no, tanto si vendes como si compras, tanto si andas como si vuelas… este invento tiene algo que decirte. Aprovéchalo.
¿Quieres que tus clientes te encuentren más fácil que el mando de la tele? Aquí empieza el camino.
