¿Redes sociales? Todos dicen que están en ellas, todos dicen que saben cómo van, pero lo cierto es que muy pocos saben lo que hacen. Y sí, tú también puedes ganar autoridad, visibilidad y ventas si te quitas de encima algunas tonterías con las que muchos se autoengañan.
Vamos al grano. Las redes no van de postureo (aunque ayude), ni de subir cuatro fotitos recortadas al tuntún. Van de impactar, generar confianza y mover emociones. Y para eso necesitas algo más que una app en el móvil. Necesitas estrategia, mensaje y, sobre todo, dejar de hacer lo mismo que todos hacen.
Cosas que haces y te están matando en redes
Lo sé porque lo he visto una y otra vez: gente que sube contenido genérico, frases vacías y vídeos con menos chispa que un fluorescente apagado. Luego se preguntan por qué no crecen… Pues eso, porque están más sosos que una sopa sin sal.
Mira, si vas a aparecer en redes, hazlo con intención. Cuenta algo. Enseña algo. Provoca reacción. Pero lo más importante: sé coherente. Si hoy hablas de galletas y mañana de criptomonedas, lo raro sería que alguien te siguiera más de dos días seguidos.
¿Otro error gordo? Ignorar los formatos que lo están petando. Si crees que los Reels son una moda pasajera, estás tan perdido como un pulpo en un garaje. El vídeo manda. Y más aún, el vídeo vertical. ¿Quieres pruebas? Aquí tienes una joyita que lo deja todo clarinete:
Si después de verlo no se te mueve algo dentro, malo. Significa que ya te has quedado en tierra digital. Pero vaya, que aún puedes subirte al tren si te pones las pilas hoy.
Lo que sí funciona y la mayoría ni se entera
Vamos a romper mitos. No necesitas millones de seguidores. No necesitas ir enseñando carne, ni bailes ridículos cada cinco minutos. Lo que necesitas es ser claro, impactante y, sobre todo, útil.
¿Vendes algo? Pues muestra cómo tu producto cambia vidas, no solo cómo se ve. ¿Ofreces un servicio? Cuenta historias reales de clientes que han dado un giro de 180 grados contigo. Si eres capaz de enseñar valor, no necesitarás trucos baratos.
Y aquí va otra cara del asunto: las puñeteras estadísticas. Muchos se las miran más que al espejo, pero no hacen nada con ellas. Estudia qué funciona, repite lo que convierte y ajusta lo que no. Y, por favor, no compres seguidores. A nadie le interesa una tienda llena de maniquíes.
Si no tienes ni idea de por dónde empezar, párate, respira y empieza por aquí: la sección de ayuda de Instagram. Tienen guías, consejos y recursos que (aunque no lo creas) son claros y funcionales. Más de uno debería ponerlo de página de inicio en su navegador.
La mejor estrategia es dejar de parecer lo que no eres
Eso es. No hace falta sonar rimbombante, ni aparecer como si fueras Elon Musk cada vez que grabas un vídeo. Cuanto más real seas, mejor conectarás. Y eso se traduce en leads, ventas y seguidores que sí importan.
Ya no se trata de ser el más guapo de la clase. Ahora gana quien sabe contar lo que tiene sin vergüenza, sin tapujos, sin maquillar números. Llámalo marca personal, llámalo comunicación digital, llámalo como quieras. Aquí lo que vende es la verdad contada sin tonterías.
Y si me preguntas qué debes hacer hoy, la respuesta es: deja de planear tanto y empieza a grabar. No busques uno de esos 200 cursos de gurús del humo. Empieza con lo que tienes ahora, y escucha la respuesta de tu audiencia. Ellos son tu termómetro, no el algoritmo.
Por cierto, si estás muy perdido, échale un vistazo a este recurso específico que tiene Instagram para creadores. Sí, ellos mismos te dan las claves. Solo necesitas ponerte en marcha de una puñetera vez.
¿Estás en Madrid y quieres que te eche un cable?
Pues solo tienes que dar el primer paso. No hago milagros, pero te aseguro que puedo ayudarte a ordenar ese caos digital que llevas encima. Trabajo con negocios pequeños, valientes y con ganas de despuntar. Si eres de los que ni se rinden ni se conforman, aquí tienes mi mano.
Escríbeme, llámame, grítalo si hace falta. Pero no sigas esperando a que las cosas se hagan solas. Porque ya sabes cómo va esto: o te mueves tú, o te mueve el mercado (y no suele ser suave).
Nos vemos hasta en el algoritmo, si te atreves.
