¿Cuánto tiempo pasas deslizándote de forma casi hipnótica? Toc, toc. ¿Hay alguien ahí dentro o ya se te ha quedado el dedo pegado a la pantalla? No te preocupes, no eres tú, es ese maldito scroll infinito que engancha más que el olor de las palomitas en el cine. Y si tú estás ahí, imagina tus clientes. O tus futuros clientes, mejor dicho.
En el escaparate digital del siglo XXI, o haces que te miren o te quedas invisible, como el típico coche que sólo se lava cuando llueve. Ahora bien, tú no has llegado hasta aquí para que nadie te vea, ¿verdad?
De la cafetería a la fama sin moverte del sofá
Te lo digo en serio, hay panaderías en pueblos de 300 habitantes que tienen más movimiento online que algunos comercios en pleno centro de la ciudad. ¿Por qué? Porque han aprendido a mostrar más que producto: enseñan lo que hacen, cómo lo hacen y por qué tú lo quieres, aunque no tengas ni hambre. Ahí está el truco.
Sí, subir una foto puede hacerlo cualquiera, pero saber qué subir, cuándo y cómo, eso ya es otra liga. En este momento hay perfiles ganando miles de seguidores sin hacer anuncios, sin influencers, sin triquiñuelas. Sólo porque han entendido cómo seducir al algoritmo y al que está detrás. En ese orden.
Y si no me crees, échale un ojo a esto:
¿Lo ves? No hay fuegos artificiales, pero hay algo magnético. Esa es la clave. Y tú puedes hacer lo mismo. No necesitas un título en márketing digital, ni un máster en redes sociales. Necesitas aprender a contar tu historia sin vergüenza ni filtro.
Lo que le gusta al algoritmo (y no es lo que te han contado)
Instagram ya no es sólo para modelos, influencers ni famosos del tres al cuarto. Ahora funciona como un escaparate inteligente que le muestra a cada uno lo que quiere ver. Si sabes como colarte en esa fiesta, te mirarán. No una vez. Varias.
Lo primero: olvida lo de “publicar a las 9 porque es la mejor hora”. No hay mejor hora que la que conecta con tu audiencia. Prueba, ensaya, equivócate. Y repite lo que funcione. Lo segundo: no vendas productos, muestra transformaciones. ¿Qué le cambia la vida a quien te compra? Aunque vendas tornillos, seguro que sujetan algo importante.
Y lo tercero: atrévete a ser tú. El postureo ya huele a cerrado. La naturalidad, la autenticidad sin pose, esa que transmite de verdad, es la que Instagram está colocando por delante.
Pequeños negocios con grandes resultados
Hace poco vi a una chica de un pueblo colgar vídeos de cómo prepara bandejas de jamón. No parecía gran cosa… hasta que un día uno de esos reels se hizo viral y llenó su bandeja de pedidos. ¿Lo mejor? No bailaba, no enseñaba piel, sólo cortaba con arte y cariño. Eso conecta.
¿Tienes una tienda de ropa, una cafetería, un despacho, vendes letras o vendes silencio? Todo cabe si sabes cómo mostrarlo. La atención hoy vale más que el producto, porque sin atención, nadie llega al producto.
Por cierto, si quieres ver cómo están jugando otros en este mismo campo, puedes cotillear un poco en la web oficial de Instagram haciendo clic aquí. A veces mirar bien lo que ya hacen los que ganan te da pistas de lo que tú puedes mejorar.
Así que si tienes un negocio, si eres autónomo, si quieres conseguir más clientes sin dejarte los ahorros en anuncios, quizás sea el momento de mirar ese perfil y decidir que no vas a ser uno más entre la masa pixelada. O al menos no sin dar guerra.
¿Y ahora qué? Pues ahora muévete
Esto no va de tener más seguidores. Va de tener a los correctos. Los que miran, se interesan, preguntan, compran y, lo mejor, recomiendan. Eso empieza con un paso. Y si no sabes por dónde tirar, nosotros te lo enseñamos.
Si estás por aquí cerca y quieres que te echemos un cable para darle un empujón serio a tu perfil social, no esperes más. Escríbenos, ven al estudio, llámanos, o haz señales de humo si hace falta. Pero hazlo ya. Que mientras piensas, otro ya está grabando su próximo reel.
Y recuerda: en este mundo grita quien quiere que le oigan. ¿Tú vas a seguir susurrando?
