Cuando tu web te da calabazas sin previo aviso

Estás navegando tranquilamente, todo en orden, y de repente… ¡zas! Una pantalla blanca con un mensaje más seco que un bocadillo de polvorones: Error de petición (código: 400). Ni un triste emoji. Y claro, te quedas con la misma cara que si te hubieran quitado el WiFi en una reunión familiar. Pero no te preocupes, porque hoy vamos a desentrañar esta sutil forma que tiene una web de decirte “aquí no entras”.

El día que tu navegador decidió rebelarse

Lo primero que tienes que saber es que este error de código 400 no es un capricho Matrix ni un fallo aleatorio de tu conexión de chichinabo. Este mensaje aparece cuando el servidor web al que intentas acceder simplemente no puede o no quiere entender lo que le estás pidiendo. Como cuando hablas con alguien medio dormido y solo te responde con gruñidos.

¿Y qué has hecho para ofender tanto al servidor? Puede ser que la dirección esté mal escrita, que un archivo esté dañado o que tengas las cookies tan rancias como las plantas de tu balcón. También puede ser que el navegador se haya vuelto loco y no quiera jugar limpio con el servidor. ¿Solución? Limpieza. No de cutis, sino de cache, cookies y dirección maldita (URL revisada con lupa).

Vale, lo he entendido… pero yo lo que quiero es arreglarlo

Vamos al grano. Aquí tienes una santa lista de arreglos con más utilidad que un destornillador de estrella en una mudanza:

  • Revisa la URL: ya, ya sé que parece tonto, pero el 99% de los errores de este tipo vienen del clásico ‘me he comido una letra’. Compruébala bien.
  • Limpia cookies y caché: sí, otra vez con esto. Abre el navegador, ve a configuración, búscalo y a limpiar. Mano de santo.
  • Prueba con otro navegador: ¿y si el problema es Chrome? Prueba con Firefox, Safari, Opera… ¡hasta con el de la calculadora si hace falta!
  • Desactiva extensiones: más de una vez, una extensión chunga provoca el follón. Desactívalas unas a una como quien juega a la ruleta rusa.

Y si después de probar todo esto tu página sigue empeñada en decirte ‘aquí no pasas’, empieza a sospechar de que el problema está al otro lado de la pantalla. Sí, amigo. Puede que el servidor le esté dando a la siesta. En ese caso, paciencia… o una buena bronca al proveedor.

Pero vamos a ver… ¿Qué demonios significa este error 400?

Dicen que saber es poder, así que vamos a ponernos un poco intensos. El código 400 es lo que se llama un HTTP status code. No te asustes, no te voy a soltar rollos, simplemente es la forma que tienen los servidores de decir siempre lo mismo, pero con numeritos. Los errores en la serie 4xx te están echando la culpa a ti. Son como ese vecino puñetero que siempre te señala en las reuniones de la comunidad.

En concreto, el 400 viene a decir: “Has hecho una petición que ni con el Traductor de Google te la entiendo”. Esto quiere decir que el error no es cosa del servidor, sino del cliente. O sea tú. Tu navegador, tus cookies, tu URL loca…

No lo subestimes: un error 400 puede matar tu imagen online

¿Y qué pasa si este error aparece en tu propia web cuando alguien intenta visitarla? Pues pasa que el visitante se va, lo tienes claro. Se va con la misma alegría que uno que llega tarde a la barra libre. Y no vuelve. Porque nadie quiere navegar en un sitio que le echa con cajas destempladas.

Así que si tienes una página web profesional y te aparecen errores de estos como si fueran setas en otoño, ojo. Estás perdiendo visitas, posibles clientes y credibilidad digital. Una web que funciona mal es como un escaparate sucio. Nadie se para a mirar. Y si vende algo… menos aún.

Si tienes una web, hazle mantenimiento. Hazla sentir querida, revísala, actualízala y, sobre todo, hazla funcionar como un reloj suizo. Es tu escaparate en Internet, no tu trastero.

¿Tú también estás viendo el dichoso “Error de petición 400”?

Mira, si te ha salido este error visitando tu propia web o tus clientes te han escrito diciendo “tu página no va”, más vale que no lo dejes pasar. Yo puedo ayudarte a dejar tu sitio limpio como una patena y funcionando como una máquina de guerra. Y sí, hablo de mantenimiento web profesional serio, fiable y sin rodeos. Sin cuentos. Sin tecnicismos que no entiendes. Directo al grano, como debe ser.

¿Vives cerca? Mejor aún. Pongo tu web a punto y te dejo tranquilo.

Si estás hasta el gorro de errores y pantallas blancas, escríbeme ahora. Antes de que la próxima caída de la web te pille en medio de una campaña de ventas. Porque ya sabes, Murphy no falla.

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