Nos pasamos el día mirando pantallas, y muchas veces, mirando vidas que ni nos van ni nos vienen. ¿Y sabes qué es lo peor? Que mientras lo hacemos, hay alguien mirando la tuya. Aunque no lo sepas. Aunque pienses que no. Está ese ex cliente que parecía que se lo había tragado la tierra, ese contacto que no dio señales en meses, y hasta tu madre (sí, tu madre). Todos te están observando desde esa red social donde las apariencias lo son todo.
El escaparate invisible que todos revisan
No hace falta abrir la boca para contar cosas. Hoy se desliza el dedo y ya sabes quién viaja más que Willy Fog y quién no ha salido del bar de la esquina. Y cuidado con cómo luces allí. Porque ese lugar se ha convertido en tu tarjeta de visita en pantalones cortos y filtro bonito. Sí, hablo de esa red social donde las fotos hablan por ti.
Si tienes un negocio y aún no entiendes que ahí puedes ser visible como un rótulo neón sin gastar un duro en marquesinas, date por invisible. Pero no basta con subir la foto de tu café con leche o el escaparate nuevo. Esto va más allá. Se trata de conectar, de contar una historia que no aburra ni a los que se saben de memoria tu feed. Y de hacerlo con alma. Con esa chispa que hace que el que no te conoce te quiera comprar y el que ya lo hizo, repita.
¿No sabes por dónde empezar? Pues mira lo que hacen otros que lo clavan, pero no para copiarles como un loro, sino para entender cómo funciona la cosa. Este vídeo lo explica mejor que mil gurús con cursos a 997€:
El contenido guay no vende (si no sabes a quién se lo estás poniendo delante)
Puede que tengas una cuenta preciosa, con colores combinados y frases que harían llorar a un influencer zen. Pero si no tienes claro quién te está mirando y qué esperan de ti, lo llevas claro. Un profesional independiente, un comercio de barrio o una panadería con horno de leña necesitan cosas distintas, aunque todos estén en el mismo sitio. Y eso se nota. Se nota mucho.
¿Compartes cosas interesantes de verdad? ¿O repites lo mismo que otros mil haciendo scroll al infinito? Hoy la gente busca humanidad, buscan que les mires a los ojos a través de una pantalla. Y esas publicaciones donde no posees, donde cuentas lo que duele o lo que cuesta sacar adelante tu trabajo, son las que conectan más que un post perfecto con hashtags robados.
Por si aún tienes dudas sobre todo lo que esta plataforma ha transformado (para bien y para mal), mira lo que cuentan en su ayuda oficial. Lo tienen muy claro porque viven de ello, y tú, si vendes algo, deberías vivir de ello también.
Lo que posteas habla más de tu futuro que tu currículum
Estás a un par de clics de diferenciarte o pasar desapercibido como uno más. Y esa sensación de “no sé si publico para alguien” desaparecería si entendieras que hay muchos ojos sobre ti. Que incluso cuando no comentan ni dan ‘me gusta’, te fichan. Observan si eres regular, si comunicas sin postureo, si lo que haces tiene alma. Y eso, créeme, vende.
Por eso no se trata solo de tener seguidores, sino de tener personas que te escuchan. Que sienten que les hablas directamente a ellos. Y eso no se consigue con filtros ni con postureo desde la playa. Se logra currando en lo invisible, en cómo te presentas al mundo desde una pantalla que parece inocente, pero que decide más que muchas reuniones con powerpoints.
Así que deja de poner excusas y empieza a contar de verdad quién eres y qué haces.
Estás a tiempo. Siempre lo estás, aunque te digan lo contrario.
¿Y ahora qué?
Si tienes un pequeño negocio o trabajas como autónomo y no sabes por dónde empezar con esto o simplemente quieres que te echen una mano para hacer que lo que publiques llegue a quien tiene que llegar, escríbeme. Que sí, que lo podemos mover juntos. Desde aquí, desde tu pueblo, ciudad o desde donde sea. Solo hace falta voluntad y ganas de ponerte en marcha. Porque no hay algoritmo que pueda contra alguien que comunica con verdad.
Y recuerda: aunque creas que no te están viendo… sí lo hacen.
