Te metes en una web, haces clic con más esperanza que certezas y, de repente, ¡pum! El temido error de petición. Esa pantalla blanca, ese mensaje que no dice nada pero te lo dice todo: “vuelve otro día, pringao”.
Y lo peor no es que no te deje continuar, lo peor es que te sientes como si alguien te hubiese cerrado la puerta en las narices cuando ibas dando lo mejor de ti. Pero oye, cosas peores se han visto. Esto, al final, tiene arreglo.
¿Qué demonios significa un error de petición?
Mira, esto no va de tecnicismos aburridos. Esto va de que, a veces, las conexiones entre tú y la web que visitas se rompen. Como una relación tóxica que, de pronto, ya no te responde a los mensajes. No es culpa tuya (probablemente, aunque si usas Internet Explorer igual te lo mereces un poco), ni tampoco de la página en la mayoría de los casos. Es simplemente un fallo en la comunicación.
Se le llama así porque hay una gestión defectuosa en la solicitud que haces al servidor. Y si el servidor no responde, pues se acabó la fiesta. Esto puede ocurrir por múltiples razones: el servidor está caído, tu conexión se ha fumado un cigarro y no piensa volver, o simplemente has intentado entrar en Mordor sin permiso.
Soluciones que no implican lanzar el ordenador por la ventana
Que no cunda el pánico. Antes de mandarlo todo al carajo, hay varias cosas que puedes hacer:
- Recargar la página: sí, lo típico de darle al “F5”. Más simple que el mecanismo de un botijo, pero funciona.
- Prueba en otro navegador: a veces, Chrome se levanta con el pie izquierdo. Abre el Firefox o el Edge (sí, ese que nunca usas).
- Vacía la caché: hay información almacenada ahí que puede estar más desactualizada que un VHS. Borra todo eso y empieza de cero.
- Revisa tu conexión: a veces no es el servidor, eres tú. Verifica que tu wifi no se ha ido a comprar tabaco.
¿Y si nada funciona? Pues inténtalo más tarde. O mejor, contacta con el administrador de la web si el origen está claro. Pero no te rindas. Nunca. Porque cada vez que lo haces, un técnico informático llora en silencio.
Más allá del error: lo que puede haber esperándote
Este tipo de errores de conexión pueden impedir que accedas a cosas que realmente merecen la pena. Por ejemplo, te podría estar esperando ahí mismo el empujón que necesitas para que tus ventas despeguen, para dejar de mendigar likes y empezar a facturar por fin.
¿Curioso? Pues atento, porque justo aquí te dejo una charla que no deberías perderte por culpa de un numerito o un error técnico. No tienes que salir para verla. Dale al play y disfruta:
La importancia de saber en qué bicho pisas cuando montas tu web
Si tienes negocio y estás online —porque no estarlo hoy en día es como tener una panadería cerrada los domingos— este tipo de cosas no te pueden pasar. O al menos no muy a menudo. Cada minuto con tu web caída, es pasta que se escapa. Es un cliente menos que te llama. Y todos sabemos lo que cuesta conseguir uno para dejarlo escapar por un maldito error de servidor.
Por eso te conviene estar con gente seria. Gente que sepa gestionar tu WordPress, que revise los plugins como quien revisa los frenos antes de lanzarse por una cuesta. Gente que se ponga nerviosa cuando tú te pones nervioso, no que desaparezca con un: “estamos en ello”.
Si vives en la zona y te ha pasado algo así más de dos veces esta semana, igual es hora de hablar. Nada de formularios. Una conversación de verdad. Escríbeme o pasa a vernos. Estamos cerca y sabemos de lo que hablamos. Te ayudamos a que tu web funcione como un reloj suizo —pero sin que te cueste como uno.
¿Y tú? ¿Vas a dejar que un error te impida avanzar o vas a hacer algo con ese negocio hoy mismo?
