Cuando la tecnología se raya y te lanza un guantazo sin previo aviso

Estás ahí, tan tranquilo, tecleando, dándolo todo, convencido de que el universo digital está alineado contigo. Le das al botón, esperas la respuesta y… PUM. Como si una galleta invisible te hubiera caído encima. La pantalla te planta en la cara un simpático cartelito: “Error de petición 400”. Qué maja la máquina, ¿eh?

Esto no es un bug, es una declaración de intenciones

Cuando aparece este tipo de error, no es que el servidor se haya ido a echar la siesta ni que los bits hayan decidido hacer huelga. Esto es tu navegador diciendo «la has liado, colega». Básicamente, le has hecho una petición que no hay por dónde cogerla. O no sabe leerla. O está mal escrita. O simplemente le ha dado pereza traducir lo que querías decirle. Gracias por tanto.

Y dirás: “Pero si sólo he pulsado un botón”. Ya, claro. Y yo solo me iba a tomar una caña y volví al amanecer. Las grandes movidas empiezan con pequeños gestos. Esto funciona igual. Puede ser que hayas metido mal la URL, que algún carácter raro se haya colado (como esos conocidos que se apuntan a los planes sin invitar), o que una extensión de navegador esté haciendo lo que le da la gana a espaldas tuyas.

¿La solución mágica? No existe, tronco. Pero sí hay cosillas que puedes hacer. Borra la caché, revisa lo que has metido, quita extensiones chungas, y prueba otra vez. A lo mejor descubres que todo era más fácil de lo que parecía (o no, pero al menos lo intentaste).

Causas comunes que no querrás admitir pero están ahí

¿Te suena eso de echarle la culpa al otro? “Seguro que es la página que está mal”, “esto es cosa del servidor”, “me va lento el wifi”. Pues no siempre, campeón. Aquí tienes las causas más típicas que dan lugar a ese maravilloso mensaje de error 400:

  • URL escrita con el codo: Si pones una dirección web con espacios, símbolos raros o directamente mal escrita, es como enviarle una carta a alguien sin nombre ni dirección. A ver si te responde.
  • Cookies caducadas (como tú un lunes): A veces las cookies, que deberían ayudarte, están pasadas de fecha y hacen cosas raras. Bórralas. Haz limpieza. Te sentirás mejor.
  • Archivos cacheados que ya no pintan nada: Tu navegador guarda cosas del pasado y a veces eso es un problema. Como cuando recuerdas una discusión de 2016 en plena ducha. Borra esa morralla.
  • Errores al subir archivos: Si mandas un fichero que ni tu ordenador entiende, pues normal que la web lo rechace. Prueba con otro o cambia la forma de subirlo.

¿Vas viendo por dónde van los tiros? Esto no se arregla solo. Hay que mancharse las manos. Y si no sabes por dónde empezar, pregunta, pero no te quedes mirando el error como si fuera arte moderno.

Te lo digo fácil: no eres tú, pero tampoco es la máquina

Vivimos en una mentira digital constante. Nos creemos que somos usuarios premium del universo y que todo va a funcionar sin problema. Y cuando algo se rompe, esperamos que alguien lo arregle mientras nosotros seguimos viendo vídeos de gatitos. Pues no, querido. Aquí toca ponerse el mono de trabajo y entender cosas.

Por ejemplo, si tienes una petición mal formada, eso va a salir regular. Si estás desarrollando algo o eres el responsable de una web, tener controladas estas cosas es parte del curro, no es opcional.

Y ahora, por si quieres una explicación más mascadita, aquí tienes un vídeo que lo explica que da gusto. Son menos de dos minutos y te aseguro que después de verlo no volverás a mirar ese error igual:

Si esto te suena a chino, llama a alguien que hable ese idioma

No todos tenemos que ser gurús digitales. Si ves que esto te supera, no luches solo contra el servidor. Lo que para ti es una pesadilla, para otro es pan comido. Igual que yo no me haría una endodoncia casera, tú tampoco deberías meterte a destripar el navegador si no eres de ese gremio.

Si estás por aquí cerca y tu web te lanza errores incomprensibles, o si simplemente quieres que alguien revise lo que puede estar fallando sin que acabes llorando frente a la pantalla… escríbeme. Tengo un ojo para detectar marrones digitales como el cuñado para localizar bandejas de jamón en una boda. Y sí, hay más códigos de error HTTP que el 400, pero empecemos por donde duele.

Y ya que has llegado hasta aquí, no lo dejes para mañana. Que eso, al final, es el principio del desastre. Revisa, limpia, arregla o deja que lo arregle otro. Pero no ignores ese cartelito. Te lo digo por experiencia… y por las veces que no hice caso yo.

¿Tienes un problema informático y vives por la zona? Te lo reviso sin dramas, sin tecnopalabras y con soluciones reales. Escríbeme, invítame a un café (o no) y déjame devolverte la fe en los botones que funcionan.

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