¿Te has encontrado alguna vez con un mensaje en pantalla que te mira con cara de pocos amigos y dice algo como “Petición incorrecta” o simplemente suelta un código 400 como si estuviera escribiendo en clave? Pues eso, amigo, es tu navegador diciéndote que algo ha ido rematadamente mal. Y sí, no es culpa tuya… o quizás sí.
El problema no es el error, es cómo te lo cuentan
Imagina que vas a una cafetería de siempre, pides tu café con leche descafeinado de máquina, sin espuma y con sacarina. El camarero te mira, ladea la cabeza y te dice: “Petición incorrecta”. No hay más explicación. Cabeza de pato. Pues lo digital va por ahí.
Cuando en tu pantalla aparece ese mensaje cabroncete con el código 400, lo que está diciendo es que has enviado una solicitud al servidor y este te ha respondido con una peineta en forma de “eso que me pides no lo entiendo o está mal hecho”. A veces, por un carácter fuera de lugar. Así de tiquismiquis es Internet.
Y claro, tú lo único que querías era ver una página, meterte en tu cuenta, ojear un producto o mandar un formulario. Nada raro. Pero ese error te tira todo por tierra como si fuera un castillo de naipes y tú un huracán.
Pero, ¿por qué te abandona así la web cuando más la necesitas?
La mayoría de veces este tipo de errores vienen por errores en la URL, sesiones caducadas, cookies que se han olvidado de ti o formularios que no has llenado como quieren que los llenes. A veces, incluso es culpa del servidor, que se levanta torcido y decide que tu petición es ofensiva.
Fuera bromas. Aquí te dejo causas habituales:
- La dirección de la web escrita con el culo (faltas de caracteres, signos mal puestos, etc.)
- Pedidos de formularios donde falta o sobra información
- Cookies corruptas (sí, parece una banda de hackers pero son pequeños archivos mal educados)
- Configuraciones de DNS del navegador o una extensión que hace de poli malo
Y sí, también puede pasar porque estás escribiendo desde un sitio que no es del agrado de la página. ¿Paranoia? No tanto. La red se vuelve cada vez más selectiva y eso se nota.
Trucos de barrio para mandar a paseo al error 400 sin llorar
Al grano. Si no quieres que el error te toque las narices más de lo necesario, lo mejor es tener a mano ciertos recursos:
- Revisa la URL. Sí, letra a letra. Como si corrigieras una redacción de COU.
- Recarga la página. A veces un toque mágico de “F5” lo arregla todo.
- Borra cookies y caché. Suena a limpieza general de primavera, pero ayuda.
- Entra desde otro navegador o modo incógnito. El plan B nunca falla.
- ¿Tu conexión va bien? A veces el problema no es la web, sino tu conexión de andar por casa.
Y si ya has probado todo esto y sigue saliendo la maldita pantalla blanca con el código asesino con cara de “no me hables”, te puedes rendir y consultar ayuda oficial como la de Mozilla o Chrome DevTools, donde explican estos errores sin rodeos ni tecnicismos farragosos.
Pero si quieres algo que realmente te explique las cosas a tu modo, sin palabrejas ni jerga absurda, el siguiente vídeo te da claridad:
El momento de hacer las cosas bien… o mejor
Esto no va de inventar la rueda. Va de no quedarte tirado ante las narices de una web que se pone digna. Si tienes un negocio y no quieres perder visitas ni clientes por tonterías como estas, asegúrate de tener tu web optimizada, tus formularios bien configurados y tu visitante feliz.
Y si no tienes ni idea de cómo hacerlo (que no pasa nada, por algo estamos), aquí estoy para echarte un cable.
Si estás en España, y tu web tira errores como quien revienta palomitas en el microondas, aquí tienes una oportunidad de oro para dejarlo en manos de alguien que no va a hablarte en klingon. Escríbeme y dinos cuatro cosas: a qué te dedicas, qué le pasa a tu web y si quieres café con o sin sacarina. Lo demás lo arreglamos rápido y bien.
