Hay días que parece que el universo digital se ha puesto en tu contra. Te sientas con tu café humeante, abres el portátil, buscas algo tan inocente como una foto o un vídeo, y ¡ZAS! Lo que aparece es un mensaje gris, frío y desapasionado que escupe: Error de petición. Y ni siquiera te da el consuelo de un código. Solo eso: ‘N/A’. Como si no te merecieras una explicación.
Lo que no te cuentan de los errores sin código
Si al menos fuese un ‘404’, al menos sabrías que la página no existe. Si fuese un ‘403’, entenderías que te han cerrado la puerta, sin más. Pero con ese ‘Error de petición (código: N/A)’, lo que obtienes es silencio. Silencio digital. Una bofetada de incertidumbre. ¿Es tu conexión? ¿Es la web? ¿Están hackeando tu alma desde un servidor ruso?
Mucha gente se obsesiona con arreglarlo desde su lado. Reinician, apagan el router ocho veces, entran en modo incógnito, piden ayuda a un cuñado que «sabe de ordenadores»… Y nada. Pero lo interesante es que este tipo de mensajes suelen tener la culpa compartida. A veces los servidores de la web simplemente se caen. O están mal configurados. Y tú, pobre humano con ganas de ver una galería o descargar un recurso, solo recibes la espalda.
Si te pasa, no te tortures. El problema puede estar en la web o incluso en su CMS (sí, esos gestores mágicos como WordPress que te montan un portal en minutos pero también vomitan errores en segundos). A veces, una mala integración, una actualización fallida o una petición mal escrita en una API puede lanzarte ese misterioso y frustrante mensaje.
Cómo reaccionar sin cargarte el ordenador a codazos
Respira. Antes de entrar en pánico, prueba con lo básico: abre la web desde otro navegador, limpia las cookies, refresca la página, o espera unos minutos. Sí, sé que suena tan útil como decirle a alguien con depresión que se anime. Pero a veces, funciona.
Ahora, si necesitas esa información ya, esta misma tarde, sin excusas, puedes buscar versiones en caché de la web con herramientas como Google Cache u otras más técnicas. En ocasiones, también puedes tirar de la Wayback Machine, ese archivo nostálgico de internet donde nada muere del todo y todo se queda pululando entre ceros y unos.
Y si eres quien gestiona la página (¡oh, sorpresa!, eres tú el que está recibiendo quejas y no sabes por dónde te da el aire), entonces toca remangarse. Llama a tu programador, tu agencia web o tu primo el hacker y revisa los logs del servidor. Porque estos errores no avisan, no explican, no se disculpan.
Para que puedas entender mejor este caos de internet y lo que suele haber detrás de ciertos errores misteriosos, aquí te dejo un vídeo que lo explica de forma clara. Míralo sin salir de aquí:
¿Y si es una señal?
Dicen que a veces el universo te cierra puertas para que no entres por sitios que no merecen la pena. Pero que te lo diga un archivo CSS hostil puede ser un poco duro. Aunque quizás, más que una señal mística, es simplemente una chapuza técnica. Este tipo de errores sin código claro suelen ir ligados a fallos de implementación de APIs, servidores sobrecargados o políticas de seguridad mal aplicadas.
Como ves, no es cosa tuya. No es que tus dedos estén malditos ni que tu conexión a internet tenga complejo de lunes. Es solo que a veces internet, como la vida, falla sin motivo aparente.
Así que tranquilo. Respira. Cierra la pestaña. Ábrela de nuevo. O escríbenos.
¿Te ha pasado esto últimamente? ¿Tienes un negocio y tus clientes no pueden acceder a tu página y estás perdiendo ventas a paladas? Pues igual es buena idea que empecemos a hablar tú y yo. No, no para tomar un café —aunque si lo pagas tú no lo descarto— sino para revisar juntos cómo está funcionando tu web, qué errores se dan y cómo evitarlos.
Estoy en Madrid, pero trabajo con gente de todas partes. Si quieres dejar de perder clientes por errores con código “fantasma” y más logística digital que los planos del metro de Tokio, échale un ojo a esta guía de errores frecuentes. Y luego, si eso, me escribes.
Vamos a dejar que tu web funcione como un reloj suizo con cita previa. O al menos, que no se le caiga la cara cada vez que alguien intenta navegar por ella. Que quieras vender, no asustar.
¿Hablamos?
